Sin derecho a deprimirse

Francisco Varela FERROL

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Perfil | Manuel Bouza Dopico, padre de Óliver Bouza critica los términos de la sentencia del TSXG que le imputa no haberse ocupado de su hijo, al que su esposa le dio muerte para después arrojarse al mar y fallecer también

30 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?na semana después de conocer la sentencia del Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG), Manuel Bouza Dopico todavía no se acaba de creer las críticas desproporcionadas que le hace la sala. Bouza, taxista en Pontedeume, es el marido de la mujer que en marzo del 2000 mató a su hijo Óliver, enfermo mental, y luego se suicidó arrojándose al mar. Obsérvese la respuesta de la sala que preside el magistrado Benigno López González a su reclamación de responsabilidad patrimonial contra la Xunta: «No ayudó en nada (Bouza) a resolver el problema y ahora lamenta que se haya producido la pérdida de esas personas, se deprime y quiere por todo ello ser indemnizado». Bouza, de 57 años, no volvió a pisar la vivienda de Santa Cecilia donde comenzó la tragedia. Ahora, en un apartamento de Cabanas, ha querido criticar la resolución judicial: «Soy un taxista, quizá si fuese un funcionario podía pedir la baja y estar más con ellos, con mi mujer y mi hijo. Pero tenía que ganar la vida para los tres. Muchas noches, los dejaba durmiento, cuando lográbamos dormir a Óliver, y volvía a la parada a trabajar. A veces, echaba quince días en casa para ayudar a mi mujer, ¡cuántos viajes hicimos a Madrid para que los mejores médicos viesen al chiquillo! Gastamos muchísimo dinero y total para nada, ¿cómo puede decir un juez cómo me siento y ponerlo en duda?» Tampoco sus abogados se explican los términos tan duros de una sentencia Contencioso-Administrativa, a pesar de que les da la razón en parte. Por eso Manuel Bouza anuncia que recurrirán en casación al Tribunal Supremo. El caso de Óliver parece una tragedia anunciada. Nació el 23 de agosto de 1982 por cesárea tras un embarazo de alto riesgo a las 32 semanas de gestación. Un bebé de 1, 7 kilos de peso que todavía se redujo luego por deshidratación y falta de oxígeno. Permaneció tres meses en cuidados intensivos y sobrevivió con serias taras, si bien físicamente apenas visibles. Con la llegada de la adolescencia se acentuaron los brotes violentos del muchacho. La madre, María Casal Montero, la noche del 21 de marzo del 2000 le administró una sobredosis de tranquilizantes y luego le cortó la yugular. Tomó un taxi hasta Covas y se arrojó al mar. Pocos meses antes, Manuel y María, en rueda de prensa con su hijo, pidieron públicamente ayuda a la Administración. Querían que Óliver fuese internado en un centro especial para casos violentos. La Xunta, con competencias exclusivas en menores, al carecer de una institución para ello, dejó a Óliver a cargo de sus padres. Tras la doble muerte, Familia habilitó un centro especial.