Náufragos y sin flotador

La Voz

FERROL

Análisis | Los porqués del descalabro y las perspectivas de futuro Con casi 4.800 personas esperando en la cola del Inem, otra reconversión en ciernes, las grandes obras paradas y ni un metro de suelo industrial, el repunte se antoja lejano

30 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando en Astano dejaron de atar los perros con longanizas y a Bazán las cosas dejaron de irle tan divinamente, allá muriendo los setenta, Ferrol entró en una etapa tan recesiva como duradera, que, junto con otros factores secundarios, explica su séptimo puesto actual en el ránking de ciudades. Hoy, con casi 4.800 personas en la cola del paro, las grandes obras de Fomento bloqueadas, ni un metro cuadrado de suelo industrial disponible y otra reconversión en ciernes, el repunte demográfico, a corto plazo, se antoja utópico. La eterna crisis que todo lo explica, o casi todo Ferrol, que nació en el XVIII por y para el Estado, ha acabado siendo víctima de esa dependencia. Porque a la larga, llevado a la práctica, el famoso Real Decreto Ley 8/1983, de reconversión y reindustrialización, supuso la destrucción de 8.126 empleos en los astilleros. Otra gracia del Gobierno de González, el traslado de la Comandancia de la Flota a Rota, contribuyó a empeorar las cosas. A cambio, el paquete de fondos públicos compensatorios que recibió la ciudad (39,2 millones de euros) sirvió para crear sólo 300 puestos de trabajo. En estos momentos, lejos de asomar por fin la bonanza, soplan de nuevo aires de crisis en el naval, y soplan huracanados. Debido a la inminente quiebra y posterior desmembramiento de Izar, aunque la factoría de Fene no llegue a cerrar, la plantilla sí se reducirá, más. Un buen ramillete de causas secundarias Relacionados con el problema ya enunciado, en la sangría demográfica subyacen otros seis motivos menores: el brutal desempleo (4.799 parados registrados), la incomunicación histórica -hasta el 15 de diciembre del 2003, Ferrol fue durante 11 largos años la única urbe atlántica sin conexión a la autopista-, el elevado precio de la vivienda (938 euros por metro cuadrado, hace 12 meses), la clásica metropolización -Narón ha absorbido 6.000 de los 14.000 habitantes perdidos-, una ínfima permeabilidad (0,8% de población inmigrante, frente a los 4,6 puntos porcentuales de la media nacional) y la incapacidad del empresariado para volar solo, sin subvención. Los manás que no acaban de caer del cielo Un suma de proyectos fuerza en curso podrían invertir el panorama, pero no acaban de arrancar: el puerto exterior carecerá de accesos hasta el 2008, la regasificadora acumula un considerable retraso, las importaciones masivas de carbón peligran ahora por Kioto y los polígonos empresariales de Leixa y Brión van aún para largo.