«Esto tiene poca solución»

La Voz B.?C. | FERROL

FERROL

MARÍA VILLAR

En directo | La última manifestación

06 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Mientras en medio país los trabajadores de los astilleros de Izar medían sus fuerzas con la policía, en Ferrol se vivió la otra cara de la moneda. Ni rastro de barricadas, ni neumáticos o contenedores ardiendo. La manifestación de los empleados de las dos plantas de la ría, acompañados por obreros auxiliares, discurrió sin tensión alguna, en algunos momentos fue incluso distendida. Pero 4.000 almas dan para muchos pareces. Desde los más optimistas -pertenecientes al censo de operarios de la antigua Bazán- que confían en las posibilidades de darle la vuelta a la crisis hasta los que perciben el futuro desde el pozo más profundo, los que no alcanzan a ver la luz. Entre los pertenecientes al segundo grupo se encuentra un trabajador auxiliar de la empresa Gabadi, que ni pestañea al asegurar que «esto no tiene solución». Junto a su compañero explica que la crisis de Izar fue uno de los desencadenantes de la suspensión de pagos de su anterior empresa, Hanafesa, hoy al borde de la quiebra. Acostumbrados a los altibajos del sector, ya conocen lo que es emigrar para poder ganar un salario. «Yo creo que van a cerrar a Astano y, después, cuando acaben con los barcos de guerra, también cerrarán Bazán. No nos va a quedar más remedio que adaptarnos a otros empleos», dice. Reconversión profesional en estado puro. Más optimista se muestra un joven ebanista del astillero ferrolano -incorporado en las últimas oposiciones de la factoría- que encara el futuro con tranquilidad. «No creo que nosotros tengamos problemas; pero más fastidiado lo tienen los compañeros de Astano y por eso todos tenemos que pelear», afirma. No cuestiona la necesidad de las movilizaciones, pero también recuerda que están haciendo mella en la economía de las familias. «Yo no tengo hijos, pero muchos así, además hay que pagar la hipoteca, el crédito del coche...», asegura. La última manifestación conjunta de los obreros del naval discurrió ágil y sin incidentes. Sin apenas presencia policial. Nada que ver con las primeras y cruentas movilizaciones de la reconversión. «Veinte años después y continuamos manifestándonos», exclamó con cierto aire de resignación un trabajador de Astano que sufrió en carne propia las cargas policiales. «Hoy las cosas están calmadas, pero aún puedo volver a llevarlas», reconoce. Hoy, de nuevo estarán en las calles.