CARRETERA Y MANTA | O |
05 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.TRISTE semana esta última, en la que la negra sombra rosaliana planea de nuevo por estas tierras y da bola a los tópicos trágicos de la galleguidad. Ese mal fario ancestral y telúrico, que ya viajó en su día en las maletas amargas de la emigración, da la impresión de regresar en vuelo rasante, circular, obsesivo. Tiñe de sangre el mar y añade marinos a la nómina de esa Santa Compaña oceánica que debe vagar por los fondos oscuros de la Costa da Morte. Lleva a Madrid una cierta despreocupación por lo de aquí que vagamente recuerda a ese otro complejo secular del olvido y el aislamiento perpetuos de este recuncho lluvioso. Pone en el limbo puestos de trabajo a cientos en la industria de los barcos, que no sale de una y se mete en otra... Pero no debe de ser todo esto más que un mal sueño. Aquí hay otro país, claro, más vigoroso e inteligente. Más optimista y más auténtico. Incluso, algunos días de junio, el calor relega la lluvia al trastero lejano del olvido.