Jorge Llorca, onírico

FRANCISCO VARELA

FERROL

CONTRAPUNTO | O |

23 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

DEBO CONFESAR mi admiración por la pintura de Jorge Llorca al que sigo, cuando puedo porque en ocasiones expone lejos. Ahora lo podemos ver tras una década de ausencia en Ferrol. Pasado el cabo de los cincuenta años, Jorge navega ya en la madurez tras una larga evolución desde su fauvismo original con gran carga onírica. Porque viendo aquellas figuras originales sobre un fondo azul puro uno puede sentirse inmerso en Alicia en el país de las maravillas . Siempre vi a Jorge y a Anido como los artistas de nuestra generación con un nuevo lenguaje que daba un giro a la herencia del siglo XX: Bello Piñeiro, Segura, Merino... y ahora ellos. Pero es Llorca, sin duda, el más conocido. De aquellas figuras entre sueños pasó a la geometría que recordaba las vanguardias rusas de verdad, las anteriores a 1930. La década de su obra que estos días podemos ver en el Torrente Ballester nos ofrece un Llorca diferente, que recupera las formas, pero en el que seguimos apreciando aquel artista juvenil que manejaba con destreza los colores pastel. Ahora nuevamente con unos azules y rojos con alcachofas y vainas ingrávidas, marcadas siempre por la geometría del color. En otros, como sus lirios a la luz de la luna, el dibujo de la figura (los lirios) en negativo parecen un recurso para solazarse en un color puro. Desgraciadamente, Ferrol ha perdido su legendaria Escuela de Artes y Oficios en la que Llorca bien podía ser un continuador de los precursores; actualmente ejerce como profesor en la Pablo Picasso de A Coruña. Quizás sus ausencias nos permitan verlo en periodos más dilatados, por tanto más esperados, lejos de la cotidianidad que todo lo gasta.