?ospitalario Teixido. Ya lo era -y así lo acreditan las crónicas- cuando el santuario ni siquiera pertenecía aún a la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, cuando era propiedad de los Sanjuanistas... Gente de puertas abiertas. Siempre fue así. No importa que no haya peregrinos en el último martes de enero. Ni siquiera la iglesia se cierra. El visitante echa unas monedas a la boeta, escribe en el libro de los peregrinos, se acuerda de sus vivos y de sus difuntos... Mira la cera arder. Entonces entra en el templo un hombre con un cirio en la mano. Lo enciende y lo deja al pie del altar. Se llama Eduardo y es de Zaragoza. Pero no es el primer romero del día. Vive aquí. «Vine hace seis años, y me quedé», cuenta. Los vecinos le dejan dormir en lo que antes se llamaba el teleclub. Ahora también vive del mar. Y cuando regresa a la aldea siempre enciende un cirio. No pide antes de marcharse. Da gracias por volver. «La gente es muy buena», dice Eduardo, O Maño . «El frío que hace es lo peor».