PAISANAJE | O |
16 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EL INICIO del año desborda de productos light la nevera, llena los gimnasios de nuevos y futuros atletas de dos semanas y atiborra papeles con promesas para doce meses que se desvanecen en menos de dos horas. La cabeza bulle de ideas que se quedarán en eso, en ideas, en propósitos de cambio a partir, siempre de cada uno de enero. Hay otros calendarios que vienen de rebote, los almanaques que marca la agenda política, el que se decide cada cuatro años y que un presidente -el de turno- anuncia un día casi por sorpresa para abrir telediarios y ganarse titulares. Aunque diga que no será él quien se presente. Cuando ese sujeto, el presidente -de turno- rompe la cinta, comienza una carrera hacia las urnas que es similar a la batería de promesas del primer día del año. Y que a la larga, en la mayoría de los casos, tienen la misma fecha de caducidad que las buenas intenciones para adelgazar, dejar de fumar o ser, en definitiva, un poco mejores. Por si alguno de esos corredores, los que se pasearán por la ciudad sin saber su nombre -es Ferrol, señores, no El Ferrol- no saben qué decir, que sepan que tienen promesas sin cumplir a mansalva. Y sin olvidar, claro, que hay que condicionar siempre el cumplimiento de esa propuesta a que sus siglas sean las ganadoras. Sugerencias: Izar Fene volverá a la construcción naval convencional en breve, se modernizarán los astilleros y habrá trabajo para todos; el tren a Caneliñas será realidad en cuatro años; el AVE llegará a la vez que a otras ciudades; se compensará por los terrenos cedidos al Estado; se regenerará la ría; habrá Ronda Oeste... Luego, ya veremos si cumplimos.