?uien le iba a decir a Ermitas que a sus 82 años (los cumple mañana) tendría que tomar pastillas para dormir, ponerse tapones en los oídos y convertir su casa en un búnker colocando colchones en puertas y ventanas para mitigar los ruidos de la calle. Pues sí, así vive esta mujer en su piso de la calle Ferreiros de Pontedeume, situado a dos pasos de una discoteca y en pleno meollo de la movida nocturna eumesa. La desesperación ha agudizado el ingenio de esta señora, que desde hace unos meses ha tenido que trasladarse de habitación para dormir (o intentarlo) en un cuarto interior de la casa. Pese al despliegue de medios, Ermitas Díaz apenas pega ojo. La música y el barullo no le dejan dormir, los cristales retiemblan y ni siquiera escucha con claridad la televisión. Cuenta que este verano es el peor que recuerda, porque resulta que la discoteca de al lado ha instalado una terraza en el piso superior del edificio con sus correspondientes altavoces que escupen música hasta las nueve de la mañana. Por eso, Ermitas, nacida en Cedeira pero afincada en Pontedeume desde hace 58 años, echa una cabezadita de dos horas después de comer, aprovechando el sopor vespertino. Y, por las noches, a leer el periódico o una revista.