CONTRAPUNTO | O |
23 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA CAMPAÑA HA terminado sin que apenas los protagonistas abordasen en profundidad la cuestión de la comarcalización. Como el problema no es mío, que lo resuelva otro. Esta idea parece colegirse en el fondo del debate político general. Es el sálvese quien pueda, la vieja herencia de lo antipúblico. La experiencia de la ría de Ferrol en torno a la comarcalización, léase mancomunidad, es frustrante. Nacida en pleno régimen de Franco, en los años del desarrollismo, para la planificación urbanística conjunta de los municipios miembros (entonces llegaba a Valdoviño y Pontedeume, inclusives), entonces pocas cosas hizo. Entre las hechas no aparece plan territorial alguno. Ni qué decir tiene que el tránsito a la democracia no mejoró las cosas un ápice, ocupase quien ocupase los puestos de mando en las alcaldías. La reforma del reglamento transformó la discusión en un diálogo bizantino porque unos querían que cada alcalde tuviese un voto, al margen del número de habitantes de su municipio, con lo que la cabecera de comarca (Ferrol) pagaba los platos rotos. Tampoco el altruismo institucional y las buenas voluntades sirven para hacer política como se vio en Mougá y la célebre planta de reciclaje. A la postre fue un mal ejemplo para toda Galicia. Porque en el fondo, de lo que se trataba, era de cargar el mochuelo al vecino aunque ello llevase al borde de la ruptura al ente mancomunado o a su parálisis como ocurre actualmente. A pesar de todo, analistas serios como Álvarez Corbacho disipan cualquier duda sobre la necesidad de compartir servicios entre concellos próximos. Extraños obstáculos impiden siempre este tipo de soluciones. ¿Se habló de todo ello en la campaña?