El tren

RODRIGO RAMOS

FERROL

OPINIÓN | O |

14 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

DURANTE las pasadas vacaciones, unos buenos amigos, residentes en Madrid, que siempre responden a la llamada de la Semana Santa, optaron por el tren para realizar el viaje hasta Ferrol. Debido a las circunstancias -ella espera un niño para fechas próximas- optaron por la forma más rápida, cara y cómoda de viaje. Como el Talgo no llega a nuestra ciudad -tampoco el Express durante los fines de semana- tomaron billetes en el de A Coruña que, saliendo de la capital a mediodía, y a la escalofriante velocidad media de 82 kilómetros hora, los dejaría en la vecina ciudad en algo más de siete horas. Debemos agradecer a Renfe el mimo que dispensa a sus pasajeros, pues, seguramente percatados maquinista, revisor y demás personal del convoy del estado de la pasajera, y a fin de evitarle más molestias de las necesarias, decidieron rebajar la velocidad a 70 kilómetros hora, con lo que el viaje duró una hora y media más. Después vino el inevitable atasco de Fene, con lo que el trayecto Madrid-Ferrol duró casi diez horas. Por supuesto, al regreso se repitió la galantería de la velocidad reducida. Los mismos responsables de estos retrasos son los que nos prometen para dentro de cuatro años AVEs a Madrid y Bilbao, qué pena. Muy a propósito me parece la exposición del Ateneo sobre la inauguración del ferrocarril Ferrol-Betanzos en 1913, porque es ése el tren que todavía tenemos.