La bajada del precio de la leche, la escasa dimensión de las explotaciones y la competencia desigual de otros países colocan al ganadero en grave crisis
26 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?ocas horas antes de la gran manifestación del pasado viernes en Santiago, Radio Voz y La Voz de Galicia reunieron en Ferrol, para hablar de sus problemas, a dos cualificados representantes del sector lácteo y a un técnico especializado en la materia. Se trata de Manuela Permuy, ganadera y presidenta de la cooperativa de A Capela; Anxo Alvariño, sindicalista de Unións Agrarias, y Fernando González Neira, veterinario especializado en producción láctea. Durante el debate, coordinado por Luis Llera (Radio Voz), salieron a relucir las grandes interrogantes que afrontan las 4.475 explotaciones de vacuno existentes en las comarcas del Eume y Ferrol-Ortegal. Esta cifra del número de explotaciones de la zona da una idea de la magnitud del sector. Es el 10% del conjunto de granjas de la provincia de A Coruña. Datos que parecen no tener su reflejo en el poder político, a diferencia de lo que ocurre con la industria de Ferrolterra, siempre en el punto de mira de las instituciones y agentes sociales y políticos. Los ganaderos son los grandes olvidados, a pesar de la aguda crisis que atraviesan. Es la parte más importante del conjunto agrario de Ferrolterra, colchón que amortiguó las graves crisis sufridas por los astilleros de la ría en los duros años de la reconversión. Porque es frecuente la pareja formada por un obrero metalúrgico de Izar (Astano y Bazán) y una mujer titular de una explotación agropecuaria. Los tres contertulios, evidentemente, coinciden en que el grave problema actual es la baja cotización del litro de leche en origen, a pesar de que en el supermercado, para el consumidor, acaba de subir. Manuela Permuy advierte de que, si «a cousa non se amaña», hay serios problemas de que no se produzca el relevo generacional en el campo. añade que los nuevos tiempos demandan explotaciones más extensas y establos con mayor número de cabezas de ganado. «A xente quere vivir en condicións mellores que ós seus pais; por tanto, as granxas teñen que ser máis grandes». Ella, con sus 25 vacas, es la voz de la experiencia. Y por ello alza su discurso para denunciar que siempre pagan los platos rotos. Cuando las vacas locas, «sempre a televisión poñía unha granxa e nunca aparecía o empresario que vendera o pienso envenenado». Ahora, añade, en Galicia se les exigen unos controles veterinarios superiores a las comunidades autónomas vecinas, «pero ás industrias pouco menos que lles deixan facer o que queiran». Escaso dinamisno Fernando González interviene para advertir que observa escaso dinamismo y falta de espíritu empresarial en el agro. Es un punto de desencuentro: Manuela y Anxo Alvariño lo contradicen para reivindicar los cambios que se están operando en el sector. El sindicalista mete baza: «Penso que en Galicia as administracións non aproveitan as axudas comunitarias». La consecuencia es que un ganadero belga o francés es capaz de producir leche a un precio inferior a los gallegos. ¿Por qué? Según el sindicalista, puesto que llevan más tiempo en la PAC (Política Agraria Común) y reciben más ayudas. Fernando González se hace un hueco en el coloquio para colocar unos consejos al consumidor que quiera ayudas a sus convecinos ganaderos: compre quesos del país, que los hay buenos, aunque eche la mano, en el hiper, a un brick de leche con origen francés. La duquesa Anxo quiere darle una lectura política a algo de lo expuesto. «España recibe mil millones de euros para el sector agrario y la parte más grande se la llevan la duquesa de Alba y otros grandes propietarios rurales. A Galicia no llega, ni mucho menos, la cuota que le debería corresponder por su peso específico en el campo». Manuela vuelve a la carga para cerrar. «Nós, no medio rural, por sistema estamos mentalizados co entorno. Pero resulta que ahora tamén nos culpan dos males do medio ambiente».