«La danza es una forma de existir, por eso no podría dejar de bailar»

FERROL

18 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?iene una mirada decidida, sincera. Y esa impaciencia que después, conforme transcurren los años, desaparece con la edad. Acaba de pasar a formar parte de la Compañía Galega de Danza Contemporánea, con la que debutó en el espectáculo representado en San Domingos de Bonaval. Está en COU, y estudia mucho. Pero todo su tiempo libre, o casi todo, es para ensayar.-¿Cuesta mantener ese ritmo...? -¿Ensayar y estudiar? -Hacerlo, a su edad, con esa dedicación. -Pues, mira... A mí, no demasiado. Porque es que yo vengo de un mundo, el de la gimnasia rítmica, en el que aprendes, por necesidad, cuál es el valor del esfuerzo. Y sabes cómo tienes que racionalizar el tiempo del que dispones, que nunca llega. -Las horas no estiran... -No, claro que no estiran. Siempre tienen los mismos minutos. Pero es cuestión de sacrificio. Yo soy consciente de que en la vida nada, o muy pocas cosas, son gratis. Y de que tienes que luchar para conseguirlas. Eso está muy claro. Sacrificarse es imprescindible. -¿Cómo entró en contacto con el mundo de la danza? -Pues a través de Jesús Quiroga. Yo lo había conocido en Narón, y el primer contacto que tuve ya fue con su compañía. -¿Pero de verdad nunca se cansa de tener tan poco tiempo libre, de tener ocupadas todas las horas del día? -Yo no lo veo así jamás. Ni mucho menos. El secreto es que te guste lo que haces. Cuando estás contento, y ves que tu esfuerzo sirve para algo, no sólo puedes con ello. Puedes con eso, y también, si fuese necesario, con más. -Porque usted ensaya durante... -Depende del momento de la semana. Si es un día de clases, ensayo entre tres o cuatro horas. -¿Y los fines de semana? -Los fines de semana y los festivos mucho más, por supuesto, porque es cuando aprovechamos para acumular el trabajo que no pudimos realizar el resto de los días. Es imprescindible. No hay otra solución. -Pero tendrá vacaciones... -Sí, por supuesto. Pero las vacaciones también las aprovechamos para ensayar. Si no lo hiciésemos así, sería imposible conseguir nada en un mundo tan exigente como el de la danza. Y la verdadera exigencia tiene que empezar por uno mismo. -¿Cuál es la primera meta que se ha planteado en el mundo del ballet? -Lo primero que quiero conseguir es poder llegar a vivir de la danza. A vivir exclusivamente de ella, quiero decir. Pero soy consciente de que eso no es sencillo, y de que son muy pocas las bailarinas que llegan a lograrlo. Por eso no quiero descuidar mis estudios. -Al margen de la danza, ¿cuál es su segunda vocación? -¡Pues esa aún no está muy definida...! -ríe Iris-. Ni siquiera sé muy bien todavía qué es lo que quiero estudiar el año que viene, cuando llegue a la universidad. Todo dependerá de las notas que logre en la selectividad. A partir de ahí, será cuando decida. Pero antes no puedo hacerlo, la verdad. Porque es que aún no depende de mí en toda su dimensión. -Pero alguna preferencia tendrá, ¿o no? -Lo que de verdad me importa es formarme intelectualmente, porque eso favorece a mi trabajo como bailarina. Pero me gusta todo lo que tiene que ver con la mente. La Psicología, por ejemplo. -¿Es la danza un mundo tan competitivo como parece? -¡Más, aún...! Hay mucha competencia para poco espacio, ¿sabes? -¿Qué le dicen sus amigos al ver que su tiempo libre anda tan escaso? -Nada. Mis amigos me respetan, y aceptan mis decisiones. Saben que estoy haciendo lo que quiero. Nadie me echa en cara que no le dedique más tiempo. Al contrario. Lo que me dicen es: «¡Adelante!». -¿En qué instituto estudia? -En el Sofía Casanova. -Tiene buenos profesores allí, ¿eh? -Desde luego. -¿Qué sintió al debutar en un lugar como San Domingos de Bonaval? -¡Fue precioso...! Estar allí, con Luz Pozo, con Bernardino Graña, con toda esa gente... Es que no hay forma de expresarlo. Para eso sí que no hay palabras. Pero me alegro de haber podido vivir algo así. Nunca lo olvidaré. -¿Qué se siente al bailar como usted lo hace? -Que has dejado de estar anclada en la tierra. Que se te abre otro mundo. -Y cuando vienen los sinsabores, ¿qué es lo que los compensa? -Que estoy con una gente estupenda. Nuestra compañía es como una familia. De hecho, a quienes la componen ya los considero parte de mí. Sé que puedo confiar en ellos. Y que me corresponden. Eso es algo que no tiene precio. -¿Alguna vez ha pensado en tirar la toalla? -No, qué va. No todo lo que escuchas en este mundo es agradable, pero el trabajo lo compensa todo. Además, el público reconoce nuestro trabajo. Se vuelca con nosotros, y eso es algo que agradeces tanto... Mira, la danza es una forma de existir, yo ya no podría dejar de bailar.