Calles empedradas a reventar, copas al aire libre, tapeo en las tascas... Pontedeume vive el verano en un permanente ambiente de fiesta. Los que se acerquen a la villa hoy lo podrán comprobar -con churrasco y buena música-, pero cualquier día del verano es bueno para acercarse al casco antiguo eumés, repleto de monumentos, antiguos palacios y capillas. La Casa Consistorial, el Torreón y el imponente templo de Santiago, junto al palacio de Raxoi, dan cuenta de ese rico patrimonio histórico. También merecen un paseo pausado los muelles que se asoman a la ría -plagada de pequeñas embarcaciones- y la Praza do Conde, donde cada sábado, por la tarde, se celebra el tradicional feirón, en el que se pueden encontrar desde productos del campo hasta ropa y accesorios. Sin olvidar, por supuesto, las espectaculares Fragas do Eume, que merecen un capítulo aparte.