Con la casa a cuestas

MARIO GONZÁLEZ FERROL

FERROL

ASPA

Los feriantes instalados en el Cantón lamentan la escasez de público y consideran que el precio de los puestos es elevado El leve viento es como un fogonazo. Detrás de una tómbola, en el Cantón de Molins, una familia se refugia del calor a la sombra, pero en la espesura de la sobremesa emergen dos palabras, como dos manguerazos de agua fría: «Perdemos dinero». Ramiro Fuentes, con el rostro amargo, dice que no tiene ni para pagar la gasolina de vuelta a casa. Su hijo pequeño sonríe y corretea y el mayor prepara la voz para cantar las excelencias de los peluches y los enseres domésticos. En la caseta de tiro, Andrés González, padre de tres hijos, permanece sentado a la espera de clientes. No hay gente en el paseo. Uno de los feriantes invita a otro a tomar un café.

08 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Por el calor, podría ser la feria de Sevilla. Sin embargo, en cuanto al público, se asemeja más al desierto del Sahara. No se oye el «señora» «señora», ni los niños disparan al plato. Los feriantes del Cantón de Molins se han hecho amigos entre ellos. Luis Catalayud, madrileño, invita a un café a Ramiro Fuentes, ponferradino. Ambos son dueños de dos tómbolas y han tenido que pagar por instalarlas más de 200.000 pesetas. Pero hay más coincidencias: sus hijos son los que sortean los regalos. Y lo que es peor: ninguno de los dos feriantes gana dinero. La mala cosecha, según ellos, se debe a que el resto de actividades de las fiestas se desarrollan en la plaza de Armas o en el parque Reina Sofía. Ello, dicen, propicia que la gente no se acerque hasta la alameda. Menos fuelle A pocos metros, se produce otra escena parecida: Andrés y Herminio, propietarios de sendas casetas de tiro, conversan sobre lo divino y lo humano. Consideran que lo de la feria ha perdido mucho fuelle, ahora que se estilan las discotecas y los cibers. Ya no es lo de antes. El paseo del Cantón sigue vacío y el hijo de Ramiro Fuentes, el que canta en la tómbola Los Caprichos, desvela uno de los misterios del negocio: «No tener vergüenza». «Lo importante», explica, «es hablar y hablar, para atraer a la gente». Se lo enseñó su padre hace algunos años. Luis, Andrés, Herminio y Ramiro, los dueños de los tenderetes, llevan cada uno más de 20 años en el negocio. Una cifra muy superior al número de viandantes que hay en el Cantón de Molins.