Una red para la basura espacial

No se ve a simple vista, pero la Tierra está rodeada por una espesa nube de chatarra formada por millones de piezas de cohetes y naves que se han desintegrado en el espacio y de satélites en desuso. Vagan descontroladamente y son un auténtico peligro para los satélites. Los ingenieros buscan soluciones.

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Redacción

Un insignificante guante pudo haber causado una catástrofe. Fue el que se le cayó al astronauta Edward White en 1965 durante el primer paseo espacial realizado por un estadounidense. La inofensiva prenda se convirtió en un auténtico misil descontrolado a 28.000 kilómetros por hora y con capacidad de destruir cualquier objeto que se le pusiera por delante. No lo hizo porque por aquel entonces la carrera espacial aún estaba en sus inicios y tampoco había satélites orbitando la Tierra. Ahora, 50 años después, las órbitas bajas próximas a nuestro planeta, fundamentalmente, son un auténtico basurero en el que flotan 8.000 toneladas de desechos formados por restos de cohetes y naves explosionadas o por satélites en desuso. Cerca de 30.000 de estos objetos tienen más de 10 centímetros de tamaño, aunque puede haber millones de fragmentos más pequeños que apenas pueden ser detectados por los radares. Todos, en conjunto, son un enorme problema que crece día a día y que ponen en peligro la actividad de los más de 2.000 satélites de comunicaciones o de vigilancia terrestre operativos en este momento. Tampoco se salva del riesgo la Estación Espacial Internacional, que cada vez con más frecuencia tiene que evacuar la tripulación o desviar su órbita ante el peligro de un potencial impacto. Sin obviar que existe la posibilidad, aunque pequeña, de que una de estas piezas sobreviva al choque contra la atmósfera y caiga a la tierra en forma de meteorito.

La chatarra orbital supone un problema de enorme magnitud al que los gobiernos intentan buscar una solución. Algunas de las propuestas más avanzadas se debatieron hace unos días en el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial de la ESA. Y entre las alternativas sobresale la misión E-Deorbit, que aún no tiene financiación definida, pero que pretende demostrar que es posible capturar un satélite fuera de control y sacarlo de peligro. En este momento están usando un robot y un ingenio modelo para descubrir cómo podrían abordar los escombros. Otro enfoque que se estudia dentro del mismo proyecto implica usar trampas en el espacio para capturar grandes cantidades de residuos. Michèle Lavagna, profesor de la Universidad Politécnica de Milán que trabaja en la iniciativa, lo explica: «La idea es imitar lo que hacen los pescadores en el mar. Tenemos una red muy grande, que nos mantiene alejados de nuestros desechos y de los satélites que se mueven libremente. Después, desde la distancia para salvaguardar nuestra red, intentamos envolverlos». Es en ese momento cuando pueden ser transportados a un lugar seguro en el espacio, «como lo hacemos con los peces en el mar».

Los ingenieros de la ESA también trabajan en desarrollar tecnología para que los ingenios se desintegren en la atmósfera en cuanto concluyan su vida útil.

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