­Y antes, ¿cómo navegábamos?

En 1997, 70 millones de usuarios tenían a su disposición poco más de un millón de webs disponibles. Diez años después, los números se han multiplicado exponencialmente. El escenario ha cambiado por completo y con él, la forma de navegar por Internet. Hay vida antes de Chrome y mucho más larga de lo que piensas.

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Redacción

Las paredes del CERN han sido testigo de algunos de los mayores avances de la historia. Bajo ese techo, el científico británico Tim Berners-Lee creó en 1989 lo que hoy conocemos como Internet. Pero, ¿de qué sirve tener una red conectada si no podemos navegar por ella?En respuesta a esta pregunta el propio inventor de la web desarrolló el primer programa que permitía hurgar en las profundidades de la Red: Nexus (inicialmente se llamaba WorldWideWeb pero se cambió el nombre para evitar confusiones).

La rueda había empezado a girar. En 1990 ya existía contenido y una forma de llegar a él, pero aún faltaba un elemento para el éxito. Con dos partes de la ecuación despejadas quedaba pendiente la tercera y más importante, que los usuarios tuvieran acceso. Con la apertura de Internet al público general en abril de 1993 se experimentó un aumento tanto de usuarios como de sitios web ?en solo un año el número de dominios se multiplicó por noventa?.

Con el viento a favor llegó Mosaic, considerado el primer navegador de la historia debido a su éxito inicial. Instantáneamente consiguió desbancar a grandes rivales como ViolaWWW, que había introducido por primera vez elementos gráficos en su interfaz.

Fue uno de los creadores de Mosaic el que en 1994 sacó al mercado el navegador más famoso de los noventa: Netscape. El software era compatible con dispositivos Windows, Mac o Linux y dejó atrás a sus rivales introduciendo mejoras y actualizaciones de forma continua. En el momento de expansión que estaba sufriendo la web, esta estrategia consiguió poner en sus manos a casi la totalidad del mercado de navegadores de la época.

Navegadores modernos

De las pantallas de tubo de rayos catódicos, hasta las LCD o los dispositivos táctiles, la transformación del mercado informático ha cambiado las normas de juego. Si sumamos a este avance tecnológico el crecimiento imparable de la Red, el trono de rey de Internet se ha vuelto más codiciado que nunca.

Internet Explorer, Firefox, Safari y Chrome se han ido pasando mano a mano el cetro de «reyes de la web» en los últimos años, consiguiendo copar entre los cuatro más del 90 % del mercado de navegadores de escritorio en España y en el resto del mundo.

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