La segunda mano llega al espacio

La reutilización de los cohetes, impulsada por empresas como Space X, se confirma como la alternativa para el abaratamiento de los vuelos orbitales. En un par de años podría convertirse en una opción rutinaria.

.

Redacción / La Voz

La carrera espacial ya no se libra entre superpotencias. Ni la entrada en el escenario de la pujante China, con planes para crear una estación orbital propia y lanzar una misión a Luna, ha hecho ceder el protagonismo a los nuevos artífices de la batalla estelar: los multimillonarios. El espacio no solo es una conquista humana, sino que también puede convertirse en un lucrativo negocio. Y en esta carrera, aunque no son los únicos, parten con ventaja Elon Musk, creador de la empresa Space X, y Jeff Bezos, de Blue Origin. Ambas compañías lideran uno de los mayores retos de la historia reciente: el abaratamiento de los vuelos, la pista de salida para la popularización del turismo espacial, para la colonización de la Luna, la minería de asteroides o incluso la llegada a Marte.

La clave está en la reutilización de los cohetes. El ingenio New Shepard, de Blue Origin, consiguió aterrizar en la Tierra en tres ocasiones después de haber sido usado en una prueba en la que alcanzó una altura de algo más de cien kilómetros. Pero la verdadera gesta hasta el momento la ha logrado Space X, que ha logrado lo que ya se considera como un auténtico hito espacial.

La empresa de Elon Musk logró en diciembre del 2015 que un cohete, el Falcon 9, regresara y aterrizara en tierra. La nave fue guardada como un símbolo de la hazaña lograda en la nueva carrera espacial. Una misma versión del propulsor fue lanzado en abril del pasado año y se posó de forma milimétrica en una plataforma marina, lo que supone una complejidad técnica enorme. Es cierto que en anteriores ocasiones fracasó, pero ahora parece haber dominado la tecnología. Lo más sorprendente es que este mismo cohete fue usado en otra misión a finales del mes pasado. ¿Cuál es la ventaja de reutilizar un cohete? Reacondicionar el Falcon 9 costó unos 250.000 euros, muy lejos de los 16 millones que representaría fabricar uno desde cero. La reducción del precio es evidente. Pero Musk va a por más. No quiere que pase un año entre misión y misión. Ahora apuesta por que el lapso sea de solo 24 horas. «Pasaron 15 años para llegar a este punto. Estamos consiguiendo retos que muchas personas dijeron que eran imposibles», destacó Elon Musk.

El millonario visionario no va de farol. Puede que sus planes para la futura conquista de Marte resulten un tanto extravagantes o irrealizables en los plazos estipulados, pero pocos dudan de que tanto él como su empresa son y serán unos de los grandes protagonistas de la carrera orbital. «El hecho de que se puedan reutilizar los cohetes es algo muy importante, y particularmente estoy convencido de que en un par de años puede convertirse en algo rutinario», destaca Santiago Hernández Ibáñez, catedrático de Estructuras de la Escuela de Ingenieros de Caminos de la Universidade da Coruña y colaborador habitual de Airbus, además de uno de los expertos consultados hace años por la NASA cuando se planteó diseñar un nuevo transbordador. El proyecto se desechó finalmente porque la agencia norteamericana optó por otra estrategia: contratar sus vuelos a las empresas privadas. Hernández asegura que el reciclaje de las naves, que pueden aterrizar tanto en tierra como en mar, no solo supone un importante ahorro, sino que también permitirá agilizar las misiones. «La fabricación de un cohete ?dice? lleva un tiempo, y para cada misión hay que hacer uno, lo que ahora ya no será necesario».

Alejandro Cardesín Moinelo, ingeniero de la Agencia Espacial Europea (ESA), también está convencido de la pequeña revolución que supondrá el empleo de ingenios ya usados en el abaratamiento de los vuelos orbitales. Pero apunta más lejos y cree que aún serán necesario el desarrollo de una tecnología que ahora no existe para la futura conquista espacial. La principal limitación radica en el transporte de la carga útil, algo fundamental para misiones de calado como la hipotética colonización de la Luna o la futura conquista de Marte. Hoy por hoy, por ejemplo, para transportar cien kilos de instrumental científico al planeta rojo se necesita una lanzadera de entre 300 y 600 toneladas, en las que la mayor parte del peso se corresponde con el combustible. «El problema ?dice? está en la tecnología de lanzamiento de cohetes, que está llegando a su límite. Es muy antigua y muy parecida a la que se utilizó en el lanzamiento del Sputnik hace más de 50 años. Necesitamos otra. ¿Cuál? Aún no lo sabemos».

A falta de resolver el misterio se plantean otras opciones que permitan superar el auténtico obstáculo de la ingeniería espacial: salir de la superficie de la órbita terrestre. En esta etapa crítica, en la que las naves están atrapadas por la gravedad terrestre, se necesita una gran energía. Luego, una vez superada la órbita terrestre, todo es más fácil. «Una de las ideas que se barajan ?apunta Cardesín?, aunque ahora pueda sonar a ciencia ficción, es fabricar materiales y componentes en el espacio». La Agencia Espacial Europea, de hecho, ya propuso hace algún tiempo el proyecto Moon Village. O, lo que es lo mismo, establecer una base en la Luna desde donde puedan partir misiones hacia otros planetas y donde se pueda fabricar el combustible necesario para las naves u otros componentes críticos.

Santiago Hernández Ibáñez también apuesta por esta opción si verdaderamente se quiere dar el paso de la llegada humana a Marte o la exploración de otros planetas. «Mi punto de vista ?asegura? es que primero hay que colonizar Marte».

El satélite terrestre es, además, el objeto de atención de Elon Musk, adonde espera llevar a finales del próximo año a los primeros dos turistas. Pero su verdadero objetivo es otro. «Si quieres que el público despierte y se interese en los viajes espaciales tienes que poner una base en la Luna. Esto sería la continuación del sueño de las misiones Apolo». Musk es un visionario, pero hay que tenerlo en cuenta.

Una enorme nave para lanzar cohetes. La impresionante nave «Stratolaunch» es la apuesta del millonario Paul Allen, cofundador de Microsoft, para abaratar costes.

Votación
2 votos
Tags

La segunda mano llega al espacio