¿Qué puedo hacer con mi dron?

Cualquiera puede comprar uno de estos populares aparatos, sacarlo de la caja, intentar hacerlo volar, hacer fotos o vídeos, pero, ¿puede usarlo en cualquier espacio abierto? ¿Dónde están los límites? ¿Qué pasa si se produce un accidente, hay daños materiales o alguien sale herido? ¿Qué dice la ley?


Redacción / La Voz

Aquel niño de siete años cogió el mando del cuadricóptero. Siguió el ritual que le había descrito su padre. Las palas empezaron a girar. Cuando el ruido le indicó que ya habían alcanzado la velocidad indicada para el despegue, tocó una palanca para que cogiera altura, movió otra para que se desplazara en una dirección, pero lo hizo de manera atropellada y caótica. Y el aparato salió disparado como un misil hacia un patio vecino, donde se estrelló ante la sorpresa de dos grandes pastores alemanes.

Aquello solo fue una anécdota, un susto. ¿Qué hubiera pasado si hubiera causado un destrozo? ¿O hubiera dañado a alguno de los animales? Los drones han venido para quedarse y formar parte importante de una sociedad que cada vez los emplea para más usos cotidianos, y que encomienda el futuro tecnológico a una trinidad educativa: robots, programación y drones. En consecuencia, permite que los más pequeños de la casa los utilicen como juguete y cualquiera puede comprar uno, sacarlo de la caja e intentar ponerlo a volar sin causar algún desastre, sacar fotos y vídeos, pero, ¿conoce los límites que marcan las administraciones?

Los hay. Y en España los fija la AESA, la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, en forma de recomendaciones para los que pesen menos de 150 kilos y tengan uso recreativo. Este organismo adscrito al Ministerio de Fomento y encargado de la seguridad de la aviación civil deja claro que para usar un dron como aficionado o como vuelo recreativo no hace falta tener una licencia, pero sí cumplir una serie de condiciones: cualquier daño que cause el aparato es responsabilidad de quién lo maneja; no se puede volar de noche y/o a más de 120 metros de altura; hay que tener el dron siempre a la vista y evitar las zonas urbanas, las aglomeraciones de gente (bodas, procesiones, playas, estadios de fútbol, etcétera); y no se pueden utilizar cerca de aeropuertos, instalaciones estratégicas (centrales eléctricas, nucleares, bases militares) y las zonas en las que el espacio aéreo está restringido.

El uso de drones en recintos cerrados no está regulado, depende de los propietarios del local.

Hay más detalles en la página de la AESA (www.seguridadaerea.gob.es/), donde se proclama que un dron «no es un juguete, sino una aeronave», se recuerda que su uso está prohibido cuando hay incendios, se explica que la normativa es provisional, se desmiente que haya un registro de fabricantes de drones y se diferencia claramente entre usos recreativos y profesionales.

¿La legislación va por detrás?

Cada vez hay más empresas en un sector emergente en la nueva economía. Estas compañías tienen que estar registradas, deben disponer de un seguro de responsabilidad civil y contar con pilotos titulados y con un certificado médico en vigor. En caso de usos imprudentes y de incumplimientos de la normativa se enfrentan a sanciones de hasta 4,5 millones de euros. En el caso de malos usos por parte de los aficionados las multas por imprudencias graves son más bajas, pero aún así pueden alcanzar cifras considerables: hasta 225.000 euros.

La legislación española actual data del 2014. Solo regula el uso profesional. Y voces del sector la consideran ambigua y le atribuyen haber causado ciertas polémicas por la forma diferente de interpretarla. Un ejemplo. ¿Qué pasa si alguien que use un dron de forma recreativa saca un vídeo, lo sube a YouTube y gana dinero? ¿Se convierte en un profesional? ¿Tiene que sacar el permiso y registrarse en la página de la AESA? ¿Y qué pasará cuando Amazon intente llevar a cabo su proyecto de repartir mercancía vía drones? Ahora mismo en España parece ilegal, pero en China ya funciona un servicio similar. Una empresa de mensajería utiliza vuelos no tripulados para llevar paquetes, especialmente en regiones no montañosas. Una vez más, la legislación parece ir por detrás del uso y de la tecnología. Y eso, aunque normal, siempre es un problema.

Cuatro hélices para el ocio y el negocio

Javier Armesto
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El Parrot Bebop 2 es un compendio de las posibilidades que ofrecen los drones actualmente: un dispositivo que permite seguir el vuelo en primera persona a través de unas gafas, que se puede enviar a 2 kilómetros de distancia y que, además de diversión, ofrece aplicaciones de tipo profesional.

Los primeros cuadricópteros eran juguetes; los últimos pueden ser a la vez un dispositivo de ocio y una herramienta profesional útil para muchos sectores económicos. La firma francesa Parrot tiene en su modelo Bebop 2 uno de los mejores ejemplos del mercado. Este dron se ofrece en un pack Adventurer que incluye el mando de control Skycontroller y las Cockpitglasses, unas gafas FPV (siglas en inglés de Visión en Primera Persona) que proporcionan una panorámica de 90 grados de lo que el dron está captando con su cámara y dan al usuario una sensación de inmersión total en el vuelo.

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