Cuando las pastillas apagan el deseo

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Es más frecuente de lo que muchos reconocen. La pérdida de deseo sexual es un efecto secundario del consumo de antidepresivos o ansiolíticos, y se ha disparado por el uso abusivo de estos fármacos. Los jóvenes también sufren este problema, en su mayoría por tomar anabolizantes o anticonceptivos orales.

19 abr 2018 . Actualizado a las 08:01 h.

El órgano sexual más importante es el cerebro. Partiendo de esta premisa, que muchos adultos pasan por alto, se entiende perfectamente que una persona pueda tener un orgasmo sin necesidad de que entre en acción el contacto físico; pero el poder de la mente también acarrea consecuencias menos placenteras, como que pese a que uno se encuentre en un ambiente favorable, con una persona que le atrae y cumpliendo los deseos carnales propios, hay veces que resulta imposible tener la libido en su sitio.

 El frenético ritmo de vida imperante sumado al aumento del consumo de medicamentos como antidepresivos y ansiolíticos puede venir acompañado de un efecto rebote inesperado que nada ayuda al paciente: la pérdida de deseo sexual. Un daño colateral que, como explica la sexóloga Martina González, muchos hombres y mujeres sufren resignados porque es un tema tabú tanto para los afectados como para muchos profesionales de la salud.

La lista de fármacos que pueden provocar alteraciones en la libido no es pequeña. Pero son los antidepresivos los medicamentos que pueden causar más estragos en este campo. Estos compuestos se encargan de incrementar los niveles de serotonina (sustancia que mantiene en equilibrio nuestro estado de ánimo), algo que a priori puede pensarse que beneficia a nuestro yo más pasional, pero nada más lejos de la realidad: unos altos niveles de serotonina pueden retrasar el orgasmo e incluso inhibirlo. Algo similar pasa con los ansiolíticos. Son muchos aquellos que, fruto de un consumo de benzodiacepinas, consiguen un alto grado de relajación muscular y sedación que complica sobremanera las relaciones sexuales.