Aterriza... sin dejarte los oídos

Una de cada tres personas sufre dolor de oídos cuando viaja en avión. La causa es la diferencia de presión, sobre todo si el viajero está acatarrado, lo que agrava la situación. Masticar chicle, bostezar o practicar la maniobra de Valsava son soluciones que pueden calmar el malestar. Las azafatas también tienen sus trucos.

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El 20 por ciento de la población tiene riesgo de sufrir problemas en los oídos como taponamiento o dolor al volar en avión, lo que se conoce como barotrauma, y se produce por cambios bruscos de presión, por lo que también puede aparecer como consecuencia del ascenso o descenso de puertos o montañas, viajes en tren, así como la práctica de buceo o el paracaidismo, según afirma la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC).

 «Las personas con enfermedades que provocan inflamación de la mucosa nasal, como la rinitis alérgica, son las que mayor probabilidad tienen de sufrirlo», asegura el doctor Guillermo Til.

El barotrauma es un daño que puede producirse en diferentes partes del cuerpo como los senos paranasales o los pulmones, como consecuencia de cambios de presión en el entorno, ya sea en aire o agua, aunque el daño más conocido es el de los oídos. «La patología barotraumática del oído medio está causada por cualquier enfermedad que desencadene una inflamación de la mucosa nasal y, por tanto, de la trompa. Entre las más comunes destacan las infecciones como los catarros o alergias a los ácaros, el polen, etc», señala el doctor Til.

Los principales síntomas que puede provocar son dolor, sensación de taponamiento, pérdida de audición y mareos. Y cuanto mayor y más rápido sea el cambio de presión, mayores serán las posibilidades de sufrir un barotraumatismo, argumenta este especialista. A nivel del mar la presión es de 760 mm Hg, mientras que a 10.000 metros de altura, que es a la que vuelan los aviones, es cuatro veces menor. Aun así, explica, «los aviones están presurizados por lo que en su interior se mantiene una presión equivalente a la de 2.500 metros aproximadamente».

CÓMO EVITARLO

Para prevenir los problemas de oídos al volar, bucear, hacer paracaidismo u otras actividades que impliquen cambios bruscos de presión, «es importante tener en cuenta que aquellas personas con infecciones respiratorias o episodios alérgicos que no estén bien tratados, deben evitar ponerlas en práctica en la medida de lo posible», aconseja el experto.

También es aconsejable, si no hubiera remedio, efectuar maniobras que posibiliten la permeabilidad de la trompa durante el despegue y el aterrizaje, como son la deglución, el bostezo y la masticación.

Puede ser útil, además, la maniobra de Valsalva cuando el avión empieza a descender. «Consiste en tomar aire, tapar la nariz, cerrar la boca y soplar aumentando la presión en la faringe, que ayuda a ventilar el oído», indica el doctor Til. Por otro lado, es importante mantenerse despiertos, sobre todo durante la última parte del trayecto, porque durante el sueño el mecanismo de deglución se ralentiza, lo que impide regular la presión y puede causarnos mayor malestar a la hora de aterrizar.

Fuentes de Lufthansa aconsejan, como medida preventiva para personas con problemas previos «aplicar un espray nasal antiinflamatorio aproximadamente media hora antes de que el avión comience a descender. Los conductos que unen los senos paranasales con el oído medio quedan desbloqueados y permiten una compensación de la presión del oído interno y la exterior».

En el caso de los bebés es importante llevar a mano un biberón o una botella de agua para darles sorbos con frecuencia en el despegue y aterrizaje, además de dejarles el chupete puesto.

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