El TOC: la obsesión que domina tu vida

«Cuando tienes un trastorno obsesivo compulsivo nunca tienes momentos de silencio. Conocí a una chica y en nuestra primera cita pasé más tiempo organizando mi comida por colores que comiendo o hablando con ella, pero le encantó. Le encantaba que para despedirme tuviera que besarla 16 veces o 24 si era miércoles». Es parte de un poema escrito hace unos años por Neil Hilborn, él se hizo famoso contando su fallida historia de amor rodeada de los rituales de su Trastorno Obsesivo Compulsivo.

TOC, la obsesión que condiciona tu vida El Jefe del Servicio de Psiquiatría del Chuac, Manuel Serrano Vázquez, nos da todas las claves para entender el Trastorno Obsesivo Compulsivo.

El poema de Hilborn dibuja perfectamente el perfil de este trastorno. «Incluso en la cama estoy pensando: ¿Cerré la puerta? Sí. ¿Me lavé las manos? Sí. ¿Cerré la puerta? Sí. ¿Me lavé las manos? Sí».

 Comprobar que puertas y ventanas están cerradas correctamente una y otra vez, colocar objetos en una posición específica, limpiar insistentemente determinadas partes de la casa, lavarse las manos sin parar, repetir mentalmente una secuencia de números o palabras... El Trastorno Obsesivo Compulsivo es uno de los trastornos de ansiedad más comunes en nuestra sociedad. La Organización Mundial de la Salud lo incluye entre las 20 primeras enfermedades discapacitantes. Es el cuarto trastorno psicológico más frecuente por encima de la esquizofrenia, la anorexia nerviosa y el trastorno bipolar. Todavía se desconocen las causas y curarlo implica un complejo proceso.

«La obsesión es una idea, una emoción, un sentimiento, un pensamiento que se mete en la cabeza de alguien en contra de su voluntad. Es un parásito, una idea parasitaria. Uno sabe que es absurdo, que no tiene sentido y lucha contra él. Esa lucha requiere a veces la compulsión que es la parte motora: ejecutar algo que, en teoría, alivia. Porque la persona tiene que buscar algo que alivie ese pensamiento que es desagradable para quien lo sufre. Aquí llegan los rituales que, al principio, calman pero que luego se convierten en compulsivos. Pasan a ser una necesidad. La compulsión es la consecuencia de la obsesión», nos lo explica Manuel Serrano Vázquez, Jefe del servicio de Psiquiatría en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña. «Yo en el despacho tengo un test sencillo. Descoloco los cuadros para ver cuánto tarda el paciente en volverlos a colocar y nunca salen por la puerta sin hacerlo».

No es lo mismo una manía que un ritual. La línea que los separa está en la necesidad imperiosa de hacerlo. Los TOC llegan a anular a las personas. Hay enfermedades en las que uno no es consciente de que está enfermo como, por ejemplo, la esquizofrenia. El obsesivo sufre porque sabe que lo que piensa no puede ser pero aún así no puede dejar de pensarlo.

«La base del trastorno obsesivo es la inseguridad. Como estoy inseguro tengo que comprobarlo y ahí llega la ritualización. El ritual les da seguridad. La ansiedad es el núcleo central de todas estas enfermedades. La rumiación constante, el estar dándole todo el rato vueltas a lo mismo sin poder evitarlo. Con ese efecto parasitario. No quiero pensar ni sentir pero no lo puedo evitar». Serrano Vázquez nos pone algunos ejemplos: «Esta misma semana conocí a un paciente que cada vez que ve un coche con una matrícula que termina en cuatro tiene que correr porque sino piensa que se puede morir. También hay una mujer que cuando ve anuncios que no son en castellano tiene que recitar una serie de números para poder liberarse».

El TOC puede tener distintas variantes según el contenido de la obsesión: unas veces está relacionado con el orden, otras con la hipocondría, con la verificación, con la contaminación (uno de los más frecuentes), con los números, la repetición...

Un gran sufrimiento

Una de las características comunes a las personas que sufren TOC es el sufrimiento.«El que lo tiene sufre muchísimo . Las personas con trastornos obsesivos compulsivos son de los enfermos que yo he conocido que más sufren», nos cuenta el psiquiatra. ¿Cuál es el mayor temor de una persona con TOC? «Quizás el miedo a que le vean, porque ellos son conscientes de que lo que hacen no es normal. Yo siempre he dicho que esta es una de las enfermedades más discapacitantes porque te bloquea totalmente. Limita socialmente, laboralmente, a la familia... Cansa al entorno».

¿Pero por qué aparece un TOC? «El elemento genético es muy importante pero el componente educacional también. Vivir en ambientes rígidos condiciona, la persona perfeccionista tiene más posibilidades de sufrirlo al igual que el inseguro».

Y a la pregunta de si tiene cura el experto responde: «Tiene alivio y mejoría así que, en ese sentido, sí se cura. Tradicionalmente se han utilizado antidepresivos pero siempre hay que ayudarse con una terapia cognitivo-conductual».

«He llegado a ducharme sin parar durante casi cuatro horas»

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Joaquín tiene 20 años y sufre TOC desde los 9. Ocultó durante mucho tiempo su enfermedad y lleva toda la vida escuchando comentarios como «mira que ordenado es este niño». Él asegura que estar dentro de la cabeza de un enfermo de TOC es una tortura y así nos cuenta cómo ha sido y es su vida.

 «A los nueve años empecé a tener ya esas obsesiones. Hacia el final de 4º de la ESO yo ya estaba muy mal. Cuando me levantaba tenía que hacer la cama y dejarlo todo bien estirado, bien hecho, todo correcto. Todos los objetos colocados de una determinada manera por miedo a que alguien entrara a robarme. Yo siempre tenía que ver que todos los objetos tuvieran una coordinación, que todos miraran para el mismo lugar. Al atarme los cordones... me los ataba, me los desataba, me los ataba, me los desataba y así tantas veces como fuera necesario hasta que la ansiedad bajaba. Así que antes de salir estaba más de dos horas y si tenía que ducharme por la mañana, pues peor. He llegado a estar casi cuatro horas duchándome: fregándome una y otra vez. Siempre sentía que no estaba limpio. Lavarme los dientes, una acción tan normal para mí no lo es, yo me tengo que lavar diente por diente. Así que otra media hora solo para esto. Cuando te das cuenta pasaron los minutos, pasaron las horas y no te queda tiempo para hacer las actividades normales de cualquier niño». Joaquín reconoce que ese trastorno le va frustrando cada vez más y, a día de hoy, le sigue afectando mucho. «Lo tengo que tener todo controlado. Salí de casa hacia esta entrevista con tiempo pero he llegado tarde .¿Por qué? Pues por todos los rituales que he tenido que hacer. Si no estaría encontrándome mal. Ahora mismo estoy inmerso en una depresión porque va pasando el tiempo y voy viendo como los demás, como todos mis compañeros, avanzan y yo me quedo atrás. Hay que tener una fuerza de voluntad y una personalidad muy fuerte para poder soportar esto. Puede parecer que exagero pero estar en la cabeza de un obsesivo compulsivo es una tortura total». Habla también de los efectos colaterales a nivel físico que, en su caso, asegura, son muchos: «gastritis crónica, pérdida de visión o bruxismo. Comparto mi experiencia porque cuánto antes se descubra el problema la solución será más fácil. Esto empeora con el tiempo. Solo pienso en que si yo no encuentro una salida acabo con mi vida porque no voy a tener vida social, no voy a tener una familia, no voy a tener un trabajo... Ahí es cuando se nubla el futuro».

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