El juego on line atrapa a los adolescentes

Las cifras se disparan. Desde que se ha legalizado, el juego «on line» se ha convertido en la segunda causa de ludopatía. Inés Queijeiro, médico de la Unidad de Tratamiento del Alcohol y Conductas Adictivas de A Coruña (Utaca) revela un trasvase del consumo de alcohol al juego y advierte del problema en adolescentes

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En Diario de un ludópata, el vigués David Fernández relataba como, después de su experiencia con las tragaperras, se enganchó al juego «on line» tras recibir por Internet un bono de 50 euros. Acababa de entrar en la veintena y le aguardaba un calvario que remató con una deuda de 60.000 euros a los bancos y tres intentos de suicidio. Un caso que nos hace echar la vista algo más atrás, cuando en los ochenta y en los noventa los estragos los provocaban las llamadas drogas duras (heroína, cocaína...) para dar luego paso a las drogas sintéticas. Sus cifras de consumo y la demanda real de tratamiento -aunque ni mucho menos es un asunto del pasado y el cannabis y la cocaína siguen haciendo de las suyas- ya no son lo que eran en Galicia, mientras que el alcohol continúa siendo un problema endémico y, ahora, el juego «on line» amenaza con convertirse en la nueva droga dura.

Pero la actualidad llega con otros problemas añadidos: la extrema juventud de quienes se inician (se han detectado casos con trece años, como una de las consecuencias de la generalización del teléfono móvil: «cualquier chaval puede coger la tarjeta de su padre y jugar», recuerda David Fernández en su libro) y el crecimiento de los casos de ludopatía entre quienes usan el «smartphone» o el ordenador para juegos de azar: un 3% de quienes lo hacen presentan signos de dependencia y deterioro cognitivo que precisa de tratamiento. Cuando se legalizó el juego «on line», en el 2012, solo el 0,5 de los ludópatas diagnosticados procedían de este hábito. En el 2015 la cifra ya era del 15 % Inés Queijeiro, directora médica de la Unidad de Tratamiento del Alcohol y Conductas Adictivas de A Coruña (Utaca) -unidad de referencia del Sergas- asegura que es «una bola que crece desde muchos sitios». Y también lo hace desde el propio negocio que genera. En ese 2015 en el que el juego «on line», con 3,3 millones de jugadores, ya se coronaba como la segunda práctica relacionada con la ludopatía en España, tras las tragaperras. Las empresas relacionadas con ese sector, y que son los que nunca pierden en este juego, gastaron 83 millones de euros en su promoción: deportistas famosos, camisetas de equipos de fútbol, anuncios en la tele... Un despliegue que a muchos les choca frente a la prohibición de anunciarse de, por ejemplo, la marcas de tabaco o los licores de alta graduación y que a Queijeiro le preocupa especialmente por el impacto que tiene en los adolescentes: «El juego on line provoca una adicción sin sustancia, que libera dopamina y endorfinas en el cerebro y acaba provocando, aparte de los síntomas y los daños del resto de las adiciones, problemas legales en muchos casos». De hecho, aparte de la de David Fernández, en los últimos años hemos leído numerosas historias de jóvenes y adolescentes que de pronto se convertían en noticia por las deudas de juego que habían contraído, sin que nadie en su casa hubiera sospechado hasta entonces del problema. La experiencia de Inés Queijeiro en consulta revela asociaciones curiosas, o no tanto. Por ejemplo, la del alcohol y el juego. «Hay personalidades adictivas que lo que hacen es cambiar de hábito, a lo mejor han dejado el alcohol y ahora se han echado a los brazos del juego. O al revés. O combinan ambas». En su opinión, y así lo están poniendo en práctica en la Utaca, es importante el abordaje multidisciplinar de este tipo de comportamientos. «En muchas ocasiones el enfermo no reconoce el problema, pero pide ayuda para superar alguna consecuencia física o piscológica que éste le está provocando». En la Utaca se reconocen «casi desbordados» por la demanda, en la que el alcohol sigue teniendo una alta presencia: reciben unos 40 casos nuevos al mes y en 2016 hicieron 4.800 consultas.

Las empresas del sector, que son los que nunca pierden en este juego, se gastaron 83 millones de euros en su promoción

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