Gere busca piso en Madrid

Josemi Rodríguez-Sieiro

EXTRA VOZ

Chema Moya

07 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

JUEVES

De premios

La entrega de los Premios de la revista Mujer Hoy fueron un éxito. Traje de cóctel para las señoras y esmoquin para los señores. Acompañando a Santiago Bergareche estaba, entre otros, Soraya Sáenz de Santamaría. Condujo el acto Mar Saura y fueron premiados Carmen Peña, Nieves Álvarez, Teresa Fernández-Valdés, Dolores Redondo y Roberto Arce. 

Richard Gere está en Madrid, buscando piso para montar la casa con su novia Alejandra Silva. El actor americano no va a residir en España, porque su sitio, profesionalmente hablando, es Nueva York. La hija de Nacho Silva se ha divorciado después de un proceso muy complicado de  Govind Friedland, hijo de un magnate americano, y tiene un hijo, Albert. 

VIERNES

Las mujeres de Quinn

Se ha muerto la segunda mujer de Anthony Quinn, una ex asistente de vestuario de Cinecittá, de la que se enamoró cuando rodaba el actor Barrabás. Era el año 1961. El actor americano estaba casado con la hija adoptiva del director de cine Cecil B. De Mille con la que ya tenía cinco hijos. La italiana Iolanda Addolori entró fuerte en la vida de Quinn y fuerte y tumultuosa fue también su vida junto a él. Las infidelidades se sucedieron sin parar. Los escándalos fueron una constante en sus vidas. Fueron padres de tres hijos, uno de los cuales murió víctima de un infarto a los cuarenta y cinco años. Durante su matrimonio, mantuvo a otra familia, de la que nacieron dos hijos más. La señora se llamaba Friedel Dunbard. Anthony se creó una enorme fama de conquistador, macho ibérico, superdotado y viril. En el año 1993 Iolanda Addolori puso el grito en el cielo y se le acabó la paciencia. Su marido, al que había aguantado todo tipo de infidelidades, se enamoró de su secretaria, Kate Benvin, de treinta y pocos años, cuando él ya había cumplido los ochenta. Tuvo otros dos hijos y para rematar la faena quiso casarse con ella, previo divorcio de Iolanda. El divorcio costó una fortuna con grandes abogados por ambas partes. Graves acusaciones, supuestos intentos incluso de asesinato, graves insultos, todo tipo de infamias que terminaron con los hijos enfrentados a su padre, diez millones de dólares para Iolanda y la reputación del actor reducida a un hombre violento, de pésimo carácter y sin escrúpulos. Se desconoce si los Picasso que se le adjudicaron en la sentencia los conservaría la divorciada a la hora de su muerte.