¿Necesitan los profesores un examen?

Esta vez son ellos los que están a examen. Educación ha encargado la redacción de una serie de propuestas para mejorar la docencia. Dos profesoras de generaciones distintas reflexionan sobre cómo ha evolucionado su futuro


El año en el que María José Martínez Girón empezó a dar clase la gran novedad era el VHS. «Vimos King Kong, a antiga, a dos anos trinta, un venres pola tarde en Betanzos, onde comecei», mientras lo cuenta en su cara se descubre una amplia sonrisa. Rozando la cifra redonda de los 60,  esta profesora de francés conserva intacta la ilusión por la docencia. «¿Eu? Absolutamente», avisa. Trae un colgante de la Torre Eiffel que palpa cuando se acuerda de los terribles atentados de Francia, país que conoce bien.  Junto a ella llega Nieves López Agrasar. Pertenece a la nueva generación de profes del IES Eusebio da Guarda cuya casa, el edificio que sobresale en medio de la coruñesa Plaza de Pontevedra, cumple 125 años. «¡El centro tiene más!», unos 153, subraya la directora del instituto público, Isabel Ruso, antes de dejar libre su despacho para la entrevista. Una imagen de la fachada del inmueble hace mucho tiempo, en una ciudad que casi no se reconoce, preside la habitación. 

¿Viven desconectadas de la realidad? La pregunta es uno de los supuestos del filósofo y pedagogo José Antonio Marina. El «fichaje» del gobierno, crítico con el nombramiento del exministro José Ignacio Wert como embajador en la OCDE, que ultima un libro de propuestas para renovar el sistema educativo. «En idiomas e en novas tecnoloxías, estou actualizándome sempre», responde Nieves López. Aunque es licenciada en Filosofía, también tiene que dar clase de lo que se llama una materia afín, Ciencias Sociales, y, como el centro es plurilingüe, Ética la imparte en inglés. María José espera unos segundos. Antes de que se cuele en la conversación la palabra tecnofobia, señala. «Eu, de feito, son tecnófila. E se non funciona algo sempre teño un par de alumnos dispostos a axudar. Pero é certo que moitos profesores pasan olimpicamente. O correo electrónico din que nin o len», reconoce. Entre los cambios que sugiere Marina está el bautizado como MIR educativo. Dice el experto que «los buenos profesores no pueden cobrar lo mismo que los malos» y que al igual que nos parecería «criminal» que los médicos no pasaran controles, se es «condescendiente» con los educadores. 

Sugiere hasta siete tipos diferentes de evaluaciones y que una parte del sueldo vaya ligado a los progresos del centro, para que todos se impliquen. Es sin duda el aspecto más polémico. El que más críticas ha cosechado por parte de los sindicatos educativos y el que más suspicacias despierta. María José toma la palabra. «Non sei por que temos que ter medo á evaluación dos resultados, non me parece algo tan terrible. Nas pasadas probas de selectividade, o 100% dos nosos alumnos aprobaron, e foi unha satisfacción tremenda». Es tajante. En lo que otros compañeros ven una amenaza, ella encuentra una posibilidad. «Algo hai que facer, iso é obvio. Non estamos ben nin os alumnos, como mostran as PISA, nin os profesores», subraya. «Fóra é o que se está a facer. Coñezo a situación en Francia e tamén en Holanda. Un dos meus fillos, alumno deste instituto por certo, é profesor de piano no conservatorio de Róterdam. Páganlle polas horas que fai. Pero tamén polo tempo que dedica a preparar as clases e a puntuar os exames, a diferencia de en España», recuerda. Nieves, que lleva «oito anos vagando por Galicia» y unos pocos más para conseguir ser profe, primero fue becaria, luego sustituta y ahora suma dos cursos como interina, pone el freno a la propuesta de Marina. «O problema é como se miden factores como o entorno socioeconómico dos alumnos. Neste instituto somos afortunadas, pero hai outros en enclaves moito máis complexos. ¿Como se corrixe iso?». María José asiente al matiz que pone sobre la mesa Nieves, que continúa. «Temos que facer autocrítica. Hai xente que se recicla e ten a mesma recompensa que a que non fai nada. O esforzo que facemos non se ve apoiado pola administración. E non falo só de incentivos económicos. Prefiriría que me seguisen formando en inglés, para as clases que teño que dar nesa lingua», apunta. 

EL FACTOR CLAVE

María José, que fue directora del Eusebio da Guarda entre los años 2003 y 2007, menciona el que para ella es el factor clave: la carrera docente. «Agora só se progresa por trámites administrativos. Antes premiábanse as publicacións feitas, por exemplo. Podías seguir subindo, mesmo chegar a ser mestre na universidade, eu son Catedrádica de Bacharelato, algo que xa non existe, como a carreira docente». ¿Se sienten estancados los educadores españoles? María José dice sí al instante. «Moitos limítanse a ver como pasan os anos ata chegar á xubilación. Dame carraxe ver como valiosos profesionais conviven con profesores que non están motivamos, que chegaron ao oficio por descarte, cando é algo tan vocacional», lamenta. 

La educación, coinciden las dos, necesita una reforma, pero no que cambie cada cuatro años. «Vivimos pendentes das eleccións», dice Nieves. «Agora pensamos en que pasará logo de decembro en función de quen gañe», añade María José. El ansiado pacto educativo se ha convertido casi en una quimera. «¿Cantas leis levamos xa? Sen consenso nunca se vai avanzar nada, tampouco sen financiamento. Nunca houbo presuposto para ninguna das reformas», explica María José. Desde el decreto aprobado por Rajoy en el 2012, han visto cómo aumentaba su carga de trabajo. El tope de alumnos por aula creció de 30 a 36 en secundaria y de 35 a 42 en bachillerato. Uno de los motivos es que se redujo la tasa de reposición de funcionarios. Solo uno de cada diez docentes que se jubilaban eran sustituidos. Con las generales a la vuelta de la esquina, el Gobierno ha suprimido esta limitación a partir del 2016. «Para min- dice Nieves- o maior incentivo sería ter estabilidade, saber se vou traballar o próximo ano». CSI-F y CCOO han denunciado que la educación pública ha perdido más de 20.000 docentes desde el 2009. «Onde máis notamos os recortes?añade- foi no apoio aos alumnos con necesidades especiais. Ademais, este curso, ata xaneiro, non nos chega o auxiliar de conversa, e somos un centro plurilingüe».

La profesora de francés ofrece un dato: «Onde os resultados académicos son bos, os profesores están máis recoñecidos». En Singapur o Finlandia, dos de los sistemas educativos puestos como ejemplo, el profesorado se recluta entre los estudiantes más brillantes. «Aquí só transcende que temos moitas vacacións», aclara Nieves. ¿Y más de dos meses en verano no son muchos? «O que están é mal postas, en Francia teñen máis ca nós, pero mellor repartidas», contesta María José. «Aquí hai un voluntarismo que é o que sempre recompuxo o sistema», reflexiona. «Calquera actividade, participar nunhas olimpíadas matemáticas ou facer a revista do instituto, require un traballo a maiores que non vai no soldo», comenta su compañera. Graduada en Filosofía, al igual que el ensayista que elabora el decálogo de reformas que pueden condicionar su futuro, admite fallos, «a veces non hai coordinación e mandamos moitos deberes»,  y se entristece por el espacio que está perdiendo su materia. «Nós, no fondo, sempre nos queremos converter nos profesores que unha vez admiramos».

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