«Los padres tenemos que dialogar más, no ser como la Gestapo»

EXTRA VOZ

BENITO ORDOÑEZ

La Fundación Anar atiende mil llamadas diarias de menores con problemas

02 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

No debe de ser fácil atender al otro lado del teléfono a un menor que te dice que se quiere suicidar. El Teléfono de Ayuda a Niños y Adolescentes de la Fundación Anar (900 202010) atiende todos los días al menos una llamada de este tipo. Entre otras muchas. El director de programas de la institución, Benjamín Ballesteros, destaca la importancia de que este servicio esté atendido por profesional especializado: «Estamos actualmente en una media de mil llamadas diarias, aunque hay días que superamos esa cifra. El teléfono funciona 24 horas los 365 días al año y está atendido exclusivamente por psicólogos porque son los profesionales que tienen más capacidad para entender el problema ».

-¿Por qué es tan importante esta atención especializada?

-Porque es la manera  de asegurarnos de que el menor va a comprender el mensaje que le estamos transmitiendo. Hay veces que el niño que llama no nos está contando el problema de verdad, y hay que dirigirlos un poco porque no son capaces de reconocer temas graves como la violencia de género o el maltrato. Los normalizan y no son capaces de reconocer que los están sufriendo en realidad. 

-¿Cómo actúan ante las llamadas?

-Hay tres niveles en la atención telefónica. El primero es cuando la interacción con el psicólogo es suficiente para resolver el problema que el menor nos está planteando. Ahí buscamos ayuda en la propia familia del menor (cuando no es ella quien le está agrediendo)m que muchas veces es ajena al problema que sufre. Intentamos apoyar al menor en su propio entorno. Cuando esto no es posible, porque el menor esá solo o no tiene un entorno que le favorece, pasaríamos al nivel de derivación a los recursos sociales que le pueden ayudar. Y el tercer nivel es cuando el riesgo es grave y requiere intervención inmediata (un niño en fuga en medio de la noche que huye de los malos tratos o el abuso, por ejemplo).  Para eso tenemos un convenio con las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado a nivel nacional para llevar a cabo una intervención. 

-¿Y cuál es el perfil del menor que pide ayuda?

-En el Teléfono de Ayuda a Niños y Adolescentes comienzan a llamarnos a partir de los 9 años, pero no será hasta los doce años más o menos cuando empiecen a hacerlo con más frecuencia. Ahí es cuando se producen el 80 por ciento de las llamadas. Pero también tenemos un teléfono del Adulto y la Familia, que es complementario al otro y se creó pensando en los más pequeños que no pueden llamar, para que alguien del entorno pueda denunciar cualquier tipo de situación de riesgo para los menores. Ahí la gente que llama suele avisar de casos de niños  menores de doce años. Son servicios complementarios. 

-¿Llaman más chicos o chicas?

-Es curioso, porque en el teléfono del niño una de cuatro llamadas es de chico y el resto de chicas. Los problemas se dan igual en ambos sexos, pero entendemos que las mujeres tienen más preparadas emocionalmente para pedir ayuda. Ahí ese clásico de «los chicos no lloran» ha hecho mucho daño y es la causa de que muchos varones no sean capaces de pedir ayuda cuando la necesitan. Cuando los que llaman son adultos para denunciar, podemos comprobar que las situaciones que se denuncian afectan por igual a niños y niñas: al cincuenta por ciento.

-¿Cuál es el principal motivo de consulta?

-El primer motivo de llamada es el que tiene que ver con violencia ejercida contra un menor en cualquiera de sus formas. Y ahí tenemos problemas de todo tipo, desde los que ves claramente que tienen que ver con la violencia intrafamiliar ?maltrato físico y psicológico, casos de abusos sexuales?, hasta las agresiones fuera de la familia y violencia escolar. Si sumásemos los porcentajes en uno solo que se llamase violencia éste supondría una de cada cuatro llamadas.

-Pero hay más problemas.

-Claro, hay otros motivos como las dificultades de relación en el entorno familiar y escolar, que sería el segundo gran grupo. Estas tienen que ver con la sensación de soledad que tiene el niño, que igual está acompañado pero está creciendo en un entorno en el que le resulta difícil expresar lo que le está pasando. Esa es la razón por la que nos llaman muchas veces, porque no tienen una persona a la que recurrir. Si la tuviesen probablemente no necesitarían el teléfono.

-Y habrá también situaciones límite.

-En un año atendimos 523 intentos o ideaciones de suicidio. Atendemos entre uno y dos casos todos los días. Por eso nos parece tan importante que nuestro teléfono esté a la vista. Debería estar visible en todos los colegios de España. En otros países es obligatorio..

-¿Están muy solos los adolescentes hoy en día?

-Los adolescentes se sienten muy solos y tienen la sensación de que nos les conocen en su entorno. Hay varios factores que influyen en este problema: por un lado está el tema de los horarios de los padres, que trabajan todo el día cuando muchos niños están en casa a las dos de la tarde y pasan muchas horas solos. Pero es que la conciliación es difícil y no hay que demonizar a los padres. Muchos de ellos lo pasan fatal: tienen que llevar las lentejas a casa, pagar la hipoteca y no pueden llegar hasta las ocho y media de la tarde.

-Son más de seis horas solos en casa.  

-Solos con información incontrolada a través de las redes, los juegos, Internet, la televisión... sin un control parental que le pueda ayudar a entender lo que está viendo. Tienen a su disposición violencia y sexualidad sin límites, y no captan los valores que sus padres quieren transmitirles. 

-Y después aparecen los problemas de conducta. 

-Ese es otro fenómeno importante que tiene que ver con todo esto. Cada vez nos consultan más padres que están siendo agredidos por sus propios hijos. Estamos en torno al 8 o 9 por ciento de todas las llamadas del adulto. Esto está directamente relacionado con estos patrones de educación en los que el niño está completamente solo, los padres se sienten culpables y, ya que trabajo tanto pues que a mi hijo no le falte de nada. 

-¿Llegamos cansados y sin ganas de pelear? 

-Claro. Y no estamos educando en frustración que es necesario para que entiendan que en la vida no vamos a poder hacer siempre lo que nosotros queramos. Ni lo vamos a tener todo. Aquí nos encontramos dos tipos de familias: las que son excesivamente permisivas y las que son excesivamente autoritarias, que son las que están agrediendo y percibiendo al menor como un niño con el que ya no se puede hacer nada. Lo ven como demonizado e incontrolable. Piensan que lo que hay hacer es darle duro y ahí entra el maltrato, la agresión, los castigos desproporcionados... Luego ,en la adolescencia, esto se vuelve en contra de los padres porque es en lo que el niño ha educado. 

-¿Dejarlos a su aire entonces tiene muchos peligros?

-Además aumenta las posibilidades de que tu hijo sea agredido o sufra bulliyng, un fenómeno creciente. Ahora no vale cambiarlo de colegio porque quienes le acosan lo siguen a través de la web y a los pocos días ya saben lo que le ha pasado en el centro anterior y le siguen agrediendo de la misma manera. También se multiplican los casos de grooming, que es cuando un adulto se hace pasar por un adolescente para agredir sexualmente a un menor. Pasan meses tomando confianza para que caigan en sus redes consiguen que les manden alguna información sexual y luego empieza la extorsión. Cuando ya les tienen totalmente atrapados quedan con ellos para abusar sexualmente. Desgraciadamente estamos teniendo casos que se ponen en contacto con nosotros cuando ya es tarde y otros en los que podemos intervenir y prevenir antes de que pase.

-¿Cómo se detecta el acoso escolar? 

-Lo primero es la observación del comportamiento. El niño que está siendo víctima de acoso ya no quiere seguir yendo al cole, aunque es verdad que puede no querer ir por muchos motivos. Si pierde material escolar, pide más dinero para el recreo o pide más bocadillos hay que preguntar por qué. También hay cambios de actitud: se vuelven más introvertidos, menos participativos, desciende el rendimiento escolar, están más tristes... 

-Pero muchas veces no te cuentan nada.

-Es cierto que para preguntar hay que tener tiempo y una cierta confianza que se establece desde pequeños, con espacios para compartir y hablar. Si tu no creas ese ambiente el día de mañana no te va a contar si tiene algún problema. ¿Cómo creas ese espacio? Pues contando tus cosas. Si ellos se acostumbran a que tu les cuentes lo que te pasa pues ellos harán lo mismo en el futuro. Los padres tenemos que dialogar, no ser como la Gestapo. Cuando un padre está contando a su hijo un problema que ha tenido, adaptándolo a su nivel, le está enseñando a su hijo que todos podemos tener problemas y que cuando tenemos problemas compartimos y pedimos ayuda. 

-¿Qué pasa si tu hijo es el acosador?

-Es difícil para los padres cuando su hijo acosa y no saben qué hacer. No dejan de ser niños que están en un entorno familiar en el que están siendo víctimas de agresión o han sido agredidos ellos mismos por otros compañeros. Se han dado cuenta de que la mejor defensa es un buen ataque y para salir de ahí van a agredir a otros y ganan popularidad. A veces tendemos a hacerlo ya un delincuente, pero hay que darse cuenta de que es un menor. Lo que hace falta es formación y trabajar en la prevención.