Pablo Iglesias, del sí se puede al sí se pudo

El líder morado llega al poder después de perder más de dos millones de votos y 35 de sus 71 diputados en el 2019

El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, pasa por delante de Pedro Sánchez
El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, pasa por delante de Pedro Sánchez

madrid / colpisa

«Recordad que el cielo se toma con perseverancia». La carta que el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, envió a la militancia del partido el pasado 14 de noviembre, dos días después de sellar con un abrazo el preacuerdo de Gobierno de coalición con Pedro Sánchez, reflejó la paradójica metamorfosis que la formación morada sufrió a largo del 2019. Empezaron el año con 71 escaños, el 28A les dejó con 42 asientos en el Congreso y el 10N volvieron a perder otros 7, hasta los 35 diputados actuales. Una reducción de más de la mitad de su presencia en la Cámara Baja, con dos millones de votos perdidos por el camino, que no les ha impedido por primera vez en su historia tener la posibilidad real de entrar a formar parte del Gobierno con cuatro ministerios y una vicepresidencia.

Una travesía que pasó por su momento más turbulento en julio, en pleno proceso de investidura de Pedro Sánchez. Después de una campaña electoral en la que habían mantenido una postura de cercanía con el PSOE y tras dos meses con las negociaciones en barbecho, los socialistas aplicaron un veto personal a la figura de Iglesias, que renunció a participar en un futuro Ejecutivo a cambio de sellar una serie de ministerios para los suyos, con Trabajo como cartera más codiciada. El debate de sillas se combatió a golpe de mensajes en WhatsApp y Telegram entre la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, y el diputado Pablo Echenique; de desplantes e intentos de reconciliación que finalmente acabaron dinamitando la legislatura y llevando al país a la repetición de elecciones.

Justo después, en septiembre, los morados recibían otro golpe. Esta vez por parte de uno de los fundadores del partido, Íñigo Errejón, que trasladaba su proyecto madrileño al tablero nacional con el nacimiento de Más País. La noticia fue recibida con cautela por parte de la dirección de Podemos, que prefirió no usar un lenguaje combativo con un socio potencial de izquierdas. Pero los errejonistas decidieron presentar candidatura también por la provincia de Barcelona, entre las protestas de la coordinadora de los comunes, Ada Colau, y se llegó al enfrentamiento directo. La izquierda sufría otra escisión de resultados desconocidos.

Pero la intentona de Errejón de irrumpir con fuerza en el Congreso se fue desinflando. La sentencia del procés, la exhumación de Franco y el hecho de no poder participar en los debates electorales, porque entonces no contaban con representación parlamentaria, restaron protagonismo mediático a una formación que necesitaba proyección para crecer. Al final, acabaron por cosechar solo tres diputados, uno de ellos Joan Baldoví, de Compromís, su socio de coalición.

«Quiero animar a Íñigo en el día más difícil de su carrera política», afirmaba Iglesias en la noche electoral del 10N. Los resultados de Unidas Podemos tampoco habían sido positivos, pero el hecho de salvar el descalabro que se pronosticaba para los suyos y el auge de Vox -que se convirtió en la tercera fuerza política del país- abrieron una puerta a Podemos para volver a negociar con el PSOE, que tampoco había podido mejorar su anterior marca de votos. 48 horas más tarde, y después de que Sánchez confesara en campaña que «no dormiría tranquilo con ministros de Podemos», ambas formaciones firmaban un preacuerdo que incluía diez puntos básicos para construir un programa conjunto de «Gobierno progresista de coalición».

Hubo que esperar hasta el penúltimo día del 2019 para que el acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos tomara forma en un documento en el que confluían las líneas maestras del programa: aumento del IRPF a las rentas más altas, blindaje de las pensiones o regular los alquileres. Y algunas renuncias también para Iglesias, como la creación de una empresa pública de energía. A cambio, «tomar el cielo» con una vicepresidencia -la de Asuntos Sociales, para él mismo- y cuatro ministerios.

El primero, el de Igualdad, lo podría asumir la actual portavoz de Unidas Podemos, Irene Montero. Para Trabajo, las fuentes de la negociación dan por hecho que será la gallega Yolanda Díaz quien lo ocupe, aunque muy probablemente pierda las competencias en Seguridad Social y pensiones. El tercer ministerio acordado es el de Universidades, a cuyo frente estaría alguien propuesto por los comunes, la profesora de Historia Medieval Rosa Lluch, hija del exministro socialista Ernest Lluch, asesinado por ETA hace 19 años. El líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, sería el cuarto ministro de los morados, aunque no ha trascendido cuál será la cartera concreta que ocupará. «Sí se podía», predica ahora Pablo Iglesias.

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