Magdalena Álvarez Arza (San Fernando, Cádiz, 1952) fue durante muchos años la mujer más poderosa de Andalucía. Maleni, como era conocida por amigos y enemigos, era la dueña de la caja fuerte de la Junta. La misma desde la que se libraban millonarios pagos que amigos del PSOE andaluz se fundían alegremente cientos de miles de euros cada semana en burdeles, cocaína y mariscadas en lugar de dedicarlos a solucionar el problema de los desempleados andaluces.

Álvarez no hizo muchos amigos en su carrera política. Para la historia quedará su desprecio a Galicia -«plan Galicia de mierda», llegó a decir a preguntas de los periodistas cuando era ministra de Fomento en el esplendor de la era Zapatero y se le recordaban las promesas incumplidas por los vertidos del Prestige- y una larga carrera al servicio de los intereses del PSOE después de doctorarse en Economía: consejera andaluza, ministra, eurodiputada y un retiro dorado como vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones hasta que tuvo que dimitir en el 2014 tras verse salpicada por la corrupción del caso de los ERE por el que ahora ha sido condenada a nueve años de inhabilitación por los errores cometidos durante su etapa como máxima responsable de Economía de la Junta de Andalucía entre 1994 y el 2004.

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Magdalena Álvarez: el final de la carrera de la todopoderosa dama de hierro