El fiscal Javier Zaragoza, el azote del independentismo

«Nadie está siendo perseguido por sus ideas, sino por sus acciones en el 2017», clamó ayer en el juicio


madrid / colpisa

«Actuar al margen de la ley no puede quedar impune». «Pretendieron hacer claudicar al Estado a través de un plan criminal». Las palabras de Javier Zaragoza resonaron en el Supremo con la misma pasión que su alegatos encendidos arrancaban condenas en la Audiencia Nacional a los narcos gallegos o a los terroristas de ETA.

Dicen los que le conocen que Zaragoza, tras 38 años de carrera en primera línea, jamás se imaginó volver a la vanguardia y menos para convertirse en el azote del independentismo con peticiones de cárcel a los líderes del desafío secesionista de hasta 25 años. En el Supremo se dejó la piel en rebatir la «falacia de dimensiones colosales» de las defensas y defender que los políticos que sientan en el banquillo cometieron «rebelión».

Este aragonés ya acaparó la atención mediática cuando fue fiscal en la Audiencia de San Sebastián en los años más duros de ETA, cuando llevó el peso de la acusación en el 11M o cuando estuvo en la diana del crimen organizado como teniente fiscal y luego jefe de la Fiscalía Antidroga en los tiempos en los que, con el juez Garzón, coordinó operaciones como Nécora o contra el clan de los Charlines o Sito Miñanco.

De corte progresista, Zaragoza fue nombrado en el 2006 jefe de la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Sobre sus espaldas carga la responsabilidad de mantener una acusación pública que no comparte la Abogacía del Estado. Sabe que lograr una condena de rebelión no le va a ser fácil, pero si lo consigue sería un colofón a su carrera del que pocos compañeros podrán presumir. «Nadie está siendo perseguido por sus ideas, sino por sus acciones en el 2017», clamó con convencimiento ayer.

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