Un todoterreno, su mujer y sin papeles: así fue la fuga de Puigdemont

Se cumple un año de la huida del expresidente de la Generalitat, que, a pesar de sus últimos movimientos, vive sus horas más bajas


Un giro inesperado del guión. Una huida que puso patas arriba a todo un gobierno. Una salida polémica y con escenas que rozaban la comedia. Así interpretó Carles Puigdemont su sonada huida hace un año. 

Tres días después de que el Govern escenificara una Declaración Unilateral de Independencia que ya, desde el primer momento, sabían condenada al fracaso; y con la sombra del 155 pisándoles los talones, Puigdemont se subía a un coche con destino Bélgica. 

El plan de huida incluía algunos despistes, trampantojos con los que despistar a las autoridades para poder llegar al destino final sin encontrar autoridades por el camino. El 30 de octubre, Puigdemont cuelga en Instagram una foto desde la Generalitat en Barcelona. La imagen sugiere que el presidente ha ido a trabajar el lunes a pesar de que todo su Govern ha sido destituido dos días antes por parte del Gobierno español. 

La ilusión dura poco. Por la tarde, salta la noticia y, con ella, los planes del Govern por los aires. Horas después de la publicación de la noticia, se confirma que Puigdemont se ha desplazado a Bruselas el fin de semana con parte de su ex Ejecutivo. De nada sirve ya la medida del fiscal general del Estado español, que presenta una querella contra todo el Gobierno catalán destituido por delitos vinculados al plan independentista en la región.

Puigdemont había logrado escapar. Pero el modus operandi de su huida había dejado algunas imágenes para la posteridad. El jefe de la Generalitat había salido en uno de sus coches desde la urbanización en la que vivía. Pero lo había hecho agazapado, en los asientos traseros del coche, consiguiendo así pasar inadvertido a los ojos de los Mossos d'Esquadra que custodiaban su casa. Tras burlar los primeros controles, agachado en la parte trasera del vehículo como si fuera un bulto, Puigdemont y su esposa cambian hasta otro vehículo en el que les espera un mosso de confianza. En ese coche, sin papeles, huyen hacia Francia. Una de las incógnitas que todavía hoy penden es si al cruzar la frontera, Puigdemont vuelve a esconderse en el maletero, puesto que en las cámaras del paso fronterizo no se puede ver el rostro del mandatario.

El 31 de octubre, Puigdemont representa el segundo capítulo de su peculiar huida. Lo hace en una rueda de prensa que incluso la prensa comunitaria califica de «circo». Ante cientos de medios de todo el mundo, el presidente explica que su viaje a Bruselas tiene un único objetivo: «poner de manifiesto el problema catalán en el corazón institucional de Europa y denunciar la politización de la Justicia española». Pero su discurso no cala entre los mandamás del Viejo Continente y las instituciones europeas le dan la espalda. 

En España las cosas tampoco marchan bien. Mientras que Puigdemont opta por escapar de las consecuencias de sus decisiones, el 2 de noviembre Oriol Junqueras y otros ocho ex consejeros (Meritxell Serret, Toni Comín, Lluis Puig y Clara Ponsatí) quedan en prisión sin fianza tras acudir a declarar a la Audiencia Nacional. Una juez dicta una orden de captura contra Puigdemont y los cuatro ex consejeros que lo han acompañado en su huida hacia Bruselas. Tres días después, los cinco imputados se entregan a la Policía de Bélgica, que los deja en libertad vigilada hasta que se resuelva la orden de detención cursada por España. El 7 de noviembre, un total de 187 alcaldes de municipios catalanes se desplazan hasta Bruselas para celebrar un vistoso acto de apoyo al ya expresident. 

El acto supone el pistoletazo de salida para una más que confirmada campaña electoral, en la que, el 25 de noviembre, se confirma que participará Puigdemont. Lo hará como cabeza de lista de la plataforma Junts per Catalunya (JxCat).

El 21 de diciembre, Ciudadanos gana las elecciones en Cataluña. Pero los números no llegan para apartar a los secesionistas del Gobierno. Las fuerzas independentistas suman mayoría absoluta. JxCat supera, indesperadamente, a la Esquerra del preso Junqueras; lo que coloca a Puigdemont como favorito para liderar el nuevo Govern, unos planes que se desbaratan poco tiempo después. El 30 de enero, el presidente del Parlamento catalán suspende el pleno que pretendía investir a Puigdemont como presidente, cediendo así a las advertencias de la Justicia, que ve ilegal una investidura a distancia del candidato.

El expresidente se da cuenta de que su regreso a España para ocupar el puesto de mandatario de la Generalitat se desinfla. El 31 de enero, los medios filtran un mensaje privado de Puigdemont a uno de los exconsejeros que lo acompañan en Bruselas dando por «acabado el plan independentista». «Los nuestros nos han sacrificado. Al menos a mí», sentencia al hablar sobre la suspensión de su investidura.

Varios meses después, Puigdemont era detenido. El 25 de marzo, las fuerzas de seguridad teutonas ponían las esposas al expresident al intentar cruzar en coche por Alemania para regresar a Bélgica. El ex presidente era arrestado como respuesta a la euroorden de detención dictada por Pablo Llarena, que atribuía al secesionista los delitos de rebelión y malversación de caudales públicos. No duraba mucho el susto. El 6 de abril, Puigdemont abandonaba la prisión después de que el tribunal alemán rechazara la existencia de un delito de rebelión

Un año después, el secesionismo se enfrenta a sus horas más bajas. Divididos, JxCat, ERC y la CUP miran al futuro desde diferentes ópticas. Y el Govern paralelo presentado la semana pasada es un ejemplo de ello. Quim Torra y Puigdemont anunciaban la inminente inauguración del Consell de la República, una especie de Govern en paralelo con sede en Bélgica del que inmediatamente se distanciaba la CUP.

Tampoco mejora las cosas la nueva Crida de Puigdemont. La Crida Nacional per la República, el paraguas bajo el que pretendían cobijar a todo el independentismo catalán, ha ahondado aún más la división en el secesionismo. Ni Esquerra ni la CUP ni la dirección del PdeCat acudieron al polideportivo de Manresa el pasado 28 de octubre para vivir el nacimiento del movimiento. 

En Europa, los de Puigdemont tampoco viven su mejor momento. La organización que agrupa a los partidos liberales europeos, ALDE, decidía esta semana expulsar al PdeCAT a causa de las investigaciones por corrupción que han afectado al partido del que nació, Convergencia. 

La Crida de Puigdemont ahonda aún más la división en el secesionismo

ramón gorriarán

ERC se desmarca del movimiento, que crea fracturas en el PDECat y en la CUP

En los planes dibujados en Waterloo y Bruselas por Carles Puigdemont y Quim Torra, la Crida Nacional per la República debía ser el paraguas bajo el que se cobijara todo el independentismo catalán. En el paso del papel a la realidad, se quedaron muchos objetivos en la gatera y en la convención constituyente del nuevo movimiento político solo estaban los incondicionales de Puigdemont. Ni Esquerra ni la CUP ni la dirección del PDECat acudieron al polideportivo de Manresa. El líder de Esquerra en el Parlamento catalán, Sergi Sabriá, resumió ayer la situación con un lapidario «cada uno tiene su espacio». El de la Crida, añadió, es el de los herederos de Convergència, el «centroderecha». El de Esquerra, prosiguió, es «el centroizquierda, la socialdemocracia». Sabrià consideró factible trazar una estrategia «unitaria» del independentismo sin necesidad de unirse en una organización común.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos
Comentarios

Un todoterreno, su mujer y sin papeles: así fue la fuga de Puigdemont