Los candidatos del PP se someten hoy a la votación más incierta de la vida del partido

La pugna por el liderazgo deja tras de sí un reguero de denuncias de presiones

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madrid / colpisa

Ni de lejos imaginaron en el PP que llegarían al día de la votación de la militancia con seis candidatos y el partido dividido entre María Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado. Cuando hace exactamente un mes, pañuelo en mano, los populares despidieron a Mariano Rajoy no cabía duda de que el sucesor natural era el presidente de Galicia. Su renuncia ni se contemplaba. Treinta días después, las certezas se han diluido y los conservadores acuden a las urnas sin saber cómo se comportará su militancia.

Hay algunas ideas preconcebidas que se han ido desmoronando. Lo primero que han dejado al descubierto estas primarias es que el PP ya no es tan monolítico como acostumbraba. Con solo poner el foco en la cúpula, la misma que se reunía los lunes, es evidente la diversidad de sensibilidades. Cospedal, secretaria general, opta a la sucesión. Casado, hasta ahora portavoz, cuenta con el respaldo de los vicesecretarios Javier Maroto y Andrea Levy. El veterano Javier Arenas se ha alineado con Sáenz de Santamaría. Únicamente el coordinador, Fernando Martínez-Maillo guarda neutralidad.

Este reparto de apoyos se extiende a prácticamente a todas las autonomías. Las estructuras del partido se han dividido y no hay territorios, salvo quizá el de Cospedal, Castilla-La Mancha, y veremos si Galicia, en los que se vaya a votar en bloque. Fuentes del PP creen que la secretaria general y Sáenz de Santamaría «se reparten el aparato». Pero el interrogante que plantea el equipo de Casado es: ¿Será la militancia permeable a las directrices de las organizaciones? 

Las fortalezas

En el caso de Cospedal, esa es su principal baza. Los años como número dos del PP le han permitido tejer una nutrida red de apoyos. De respaldos que buscan y promueven más apoyos. Una fortaleza que ha ido a más a lo largo de la campaña y que en el partido aconsejan no despreciar.

La exvicepresidenta del Gobierno también aglutina en su cartel un buen número de fichajes, entre los que figuran exministros, presidentes provinciales, diputados y senadores. La suya ha podido ser la campaña menos llamativa. Pero los suyos confían en que las encuestas pesen y haya calado el mensaje de que Sáenz de Santamaría es la mejor opción electoral. En el entorno del exvicesecretario de Comunicación, en cambio, creen que sus contrincantes se fían demasiado del poder del aparato. Que los dirigentes regionales y provinciales solo puede garantizarse el control de un 30 o 40 % del voto.

Pero esta reflexión nos lleva a la segunda pregunta por resolver: ¿Es percibido Casado como un candidato contra lo establecido? En esa idea de lejanía de los poderes fácticos ha fundamentado el más joven de los aspirantes su campaña. «Yo no tengo a nadie detrás -reiteró hoy-, tengo a los afiliados de base». Su fortaleza es conjugar renovación y discurso tradicional. Los otros tres aspirantes, Margallo, García-Hernández y Cabanes no tienen nada que hacer aunque confían en hacer un buen papel.

Los populares estiman que votarán un 70 % de los afiliados inscritos en las agrupaciones

N. V

En el PP no contemplan que todos los afiliados que se han inscrito para elegir al sucesor de Mariano Rajoy vayan a acudir hoy a votar. Es solo una estimación, pero vaticinan que la participación podría rondar el 70 % del censo electoral. Fuentes territoriales reconocen que «muchos se registraron por la insistencia del partido» y ven difícil que vuelvan a atender ahora la llamada. En todo caso, habrá 1.096 sedes abiertas en todo el territorio desde las 9.30 hasta las 20.30. Y en cada una de ellas se colocarán, como mínimo, dos urnas. En la primera, los afiliados deberán introducir la papeleta de uno de los seis candidatos que optan a la presidencia del PP. En la otra, los nombres de los compromisarios que les representarán en el congreso extraordinario del 20 y 21 de julio. En algunos locales, además, habrá una tercera para designar a los delegados de Nuevas Generaciones que irán a ese cónclave. 

Una vez cerrados los centros de votación, el recuento será manual. Los interventores de los candidatos vigilarán el proceso y serán los gerentes provinciales o regionales los encargados de ir trasladando a la sede central de Génova los resultados.

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