Esquerra se aferra a la mayoría secesionista para tapar su derrota

Junqueras llegó a ofrecerse como presidente durante la votación


redacción / la voz

Doble fallo de cálculo de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Ni los preferidos por la mayoría del electorado ni tampoco, lo que es peor para su futuro, los receptores del liderazgo secesionista. La cárcel no refleja hacia afuera ninguna imagen y difumina el recuerdo mucho más que los mensajes por videoconferencia desde Bruselas que sin descanso ha enviado Puigdemont durante la campaña.

Oriol Junqueras vio pasar el jueves la gran oportunidad que se dibujaba a su alrededor desde antes incluso de que fuera disuelta la legislatura. Políticos y opinión pública daban por hecho, hasta antes de abrir las urnas, que esta era la hora de ERC.

Tendrán ahora que convivir con una mayoría absoluta independentista en una comunidad en la que la opción política más votada va por la vía contraria. Pero su principal reto será, sobre todo, saber mantener el proyecto y al partido frente a un aspirante a la reelección, Carlos Puigdemont, que ha apostado a la carta de la legitimidad, levantada a 1.350 kilómetros y apenas dos meses después de mantener que abandonaría la política. Junts per Catalunya es ahora la referencia independentista y con la incómoda muleta de la CUP, además. Y ERC en medio, la peor de las conjeturas de Esquerra, aderezada también por la caída de los comunes. Los anticapitalistas ya han adelantado que en un escenario de igualdad entre Junqueras y Puigdemont optarían por quien adopte sin dudarlo la unilateralidad como estrategia.

Bazas quemadas

Hacia afuera, los republicanos reivindican el resultado de la mayoría secesionista como cimiento para seguir abonando la idea de la república, pero hacia adentro ERC se sume ahora en la incertidumbre. Y ha quemado además la baza de Junqueras y deja muy tocada la de Marta Rovira, su secretaria general, tras ponerse en duda desde dentro del partido incluso su idoneidad para liderar la organización mientras el presidente permanece en prisión.

Lectura

Rovira fue la encargada el jueves de hacer el balance de daños, aunque no lo presentó como tal. «La suma es independentista y republicana. Hemos ganado estas elecciones a pesar de la ofensiva policial, judicial y de tantos días del Estado», dijo entre aplausos, pero también entre caras serias, la número dos del partido, que presentó como propio y sin teóricas fisuras el bloque secesionista.

Pero Esquerra ha sido segunda fuerza en las cuatro provincias, tras Ciudadanos en Barcelona y Tarragona, y detrás de JuntsxCat en Lérida y Gerona. Y ese es ahora su papel, de partido secundario, otra vez, respecto a Puigdemont. ERC fue la que quiso romper la fórmula de coalición de Junts pel Sí del 2015, seguros de su victoria. Y aunque en conjunto les ha deparado por separado dos escaños más que en la Cámara anterior, el rédito ha sido mayor para el expresidente y, por tanto, menor para Junqueras, Forcadell, Romeva, Tardá y Rufián.

Antes de conocer los resultados, incluso los de las encuestas realizadas durante el jueves, Oriol Junqueras pedía desde la cárcel, a través de Twitter, su oportunidad. «Me pongo a disposición de Cataluña para dirigir un Gobierno fuerte y eficaz», escribía en una carta difundida en la red social, dando por hecho que él sería el cabeza de lista independentista más votado. Añadió que construir la república sigue siendo su objetivo y, dirigiéndose al expresidente catalán, sin citarlo, recordó que ERC «ha sido y es el partido más generoso de la historia de Cataluña», para reclamar este como su momento para optar a la presidencia. Sin tener que discutirla con Puigdemont y su discurso de la legitimidad para exigir seguir al frente de la Generalitat aunque no fuese la lista más votada entre las secesionistas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

Esquerra se aferra a la mayoría secesionista para tapar su derrota