Frenazo demográfico en Cataluña

Por primera vez hay más defunciones que nacimientos en la comunidad, coincidiendo con el proceso secesionista, mientras crece también su censo exterior


Redacción / la voz

Cataluña ha sido hasta ahora uno de los más sólidos motores demográficos de España. Foco de atracción de emigración de otras autonomías y de notable captación de extranjeros, Cataluña ha pasado de contar con 6,1 millones de habitantes en el año 2000 a sumar ahora 7,44 millones.

Pero las alarmas demográficas se han activado justo cuando la clase política y media población se centra en apoyar o rechazar el proceso secesionista. Aunque los efectos de la crisis frenaron la llegada de emigración e incluso expulsaron a parte de sus colonias, provocando una caída en sus censos entre el 2013 y el 2015, es ahora, por primera vez en lo que va de siglo y gran parte del anterior, cuando en Cataluña nacen menos niños que defunciones se registran.

Resulta así inédito desde que hay registros ver con signo negativo el saldo vegetativo catalán, como acaban de arrojar los datos del primer semestre del 2017 recabados por el Instituto Nacional de Estadística. Si entre enero y junio del año pasado hubo 1.459 nacimientos más que fallecimientos, en ese mismo período del presente año el número de alumbramientos fue de 1.963 menos que los decesos contabilizados. 32.109 nuevos bebés frente a 34.072 entierros.

Interpretación

Es la cifra de nacimientos la que dibuja una caída que coincide con la puesta en marcha del plan de secesión que empezó a plasmarse con la consulta ilegal del 9N. Sin embargo, aunque resulta llamativa la coincidencia, es pronto para establecer una relación científica entre ambas situaciones sin conocer cómo será la evolución posterior.

Anna Cabré, catedrática de Geografía Humana y directora honoraria del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona, estima que «el procés no tiene víctimas demográficas de momento, es muy pronto para pensarlo», señala. Para la experta en evolución demográfica catalana, el frenazo, aunque a su juicio pequeño en el conjunto de la población, existe en todo caso, y lo explica por el menor volumen y fertilidad de las generaciones posteriores al baby boom, la llegada en menor número de emigrantes, el envejecimiento de las colonias extranjeras asentadas en la comunidad y la precariedad laboral.

Pero además de activarse las alarmas por la vía vegetativa, la organización de las elecciones del próximo día 21 ha disparado también las alertas al confeccionarse sus censos. El compuesto por los catalanes residentes en el exterior ha registrado un incremento del 14,6 % desde las anteriores elecciones autonómicas del 2015, y ya había acumulado otro 25,2 % entre los comicios catalanes del 2012 y los de tres años después. El censo electoral interior solo crece un 0,2 %.

Habrá en esta ocasión 224.844 residentes en el exterior con derecho a voto (Galicia suma 452.274), cuando en los comicios del 2102 había 156.517.

Menos voto por correo

Anna Cabré explica dicho repunte por una posible mayor efervescencia entre la emigración por el debate político suscitado en Cataluña y por el retorno a sus países de inmigrantes que adquirieron la nacionalidad durante su estancia en España. Sin embargo, solo 81.253 electores han pedido votar por correo en los comicios catalanes de la próxima semana, un 25 % menos que la cifra registrada hace dos años. Según los datos de Correos, en las elecciones del 2015 hubo 108.896 peticiones, lo que estaría adelantando una bajada en la participación electoral, al menos en el colectivo emigrante. Hace dos años participaron solo el 6,74 % de los catalanes residentes en el exterior y en el 2012 lo hicieron el 7,54 %.

El saldo vegetativo de comunidades cercanas a Cataluña tuvo en el primer semestre del año un balance positivo en Baleares o Murcia, mientras que cayó, pero en menor medida, en la Comunidad Valenciana. En el caso de Madrid hubo 18.046 nacimientos más que muertes.

«Vivimos en la incertidumbre, y nuestras familias, en la preocupación»

C. P.

Bladimir Botero y Geovanny López lideran la Asociación Taxistas Latinos de Barcelona

Los letreros en chino dominan barrios enteros de Barcelona. Fruterías, autoescuelas, despachos de abogados, peluquerías o panaderías son explotados por familias chinas que antes se hicieron con bares clásicos y restaurantes y cuya presencia se deja notar ahora también en el mercado inmobiliario. Los pakistaníes son ya el colectivo mayoritario, por detrás de los españoles, en el sector del taxi y la presencia de los indios es más que notable en bazares y tiendas 24 horas. «Los latinos estamos en todas partes, sabemos de todo», dice Cristian Damiano, taxista uruguayo. Apunta que el de los latinoamericanos es el colectivo extranjero más preocupado con la evolución que pueda tener el asunto catalán. «Si esto fuera a peor, si no se pudiera garantizar la pensión del tiempo que llevo trabajando aquí, claro que me iría».

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