Los presos: baza secesionista, pero neutralizable

Los encarcelamientos pueden favorecer de cara al 21D a los independentistas, pero el fracaso político y el desastre económico generado dará alas a los constitucionalistas

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Los independentistas utilizarán electoralmente la prisión provisional de Oriol Junqueras y otros siete exconsejeros, hasta el punto de que convertirán la denuncia del supuesto Estado opresor y la exigencia de liberación de los que consideran presos políticos en el mensaje casi único de su campaña. Pero los partidos constitucionalistas tienen sus propias armas políticas que pueden contrarrestarlo: el desastre económico y la fractura social que ha provocado el procés y la falta total de reconocimiento internacional de la proclamada república catalana.

¿Cómo pueden influir los encarcelamientos en la política catalana?

María José Canel estima que «facilitan la estrategia de comunicación de los independentistas de denuncia de un Estado represor que encarcela y de internacionalización del conflicto en los medios de comunicación». La catedrática de Comunicación Política y Sector Público de la Universidad Complutense de Madrid explica que «la situación de Cataluña es tan difícil de comprender que esos medios necesitan enfoques sencillos y el encarcelamiento facilita un retrato simplista de lo que está pasando». Pero deja claro que no va a hacer que los Gobiernos y la UE cambien su posición de apoyo a Madrid. El politólogo Roger Senserrich cree que «van a aumentar las diferencias entre unionistas y secesionistas, dividiendo aún más a la sociedad catalana». Y añade que «cualquier acuerdo se basa en la confianza entre las dos partes, y las detenciones la debilitan, por muy justificadas que estén legalmente».

Para Roberto L. Blanco Valdés, aunque «lo lógico sería suponer que favorecerá políticamente la cohesión nacionalista y mejorará sus expectativas electorales», hay hechos que apelan a ser prudentes. En primer lugar, que tras la aplicación del 155 «no se produjeron ni la inmensa movilización ni la desobediencia generalizada de altos cargos y funcionarios que se preveían». En segundo, que en los encarcelamientos «fue decisiva la fuga previa de Puigdemont». Y, por último, que «el bochornoso espectáculo que ha dado el nacionalismo en las últimas semanas ha tenido que influir en el juicio de mucha gente, también de los nacionalistas, en relación con la falta de confianza que merecen unos individuos que han metido al país en una crisis gravísima sin tener ni la menor idea de cómo manejarla y sin querer luego hacerse responsables de ninguna de sus devastadoras consecuencias».

¿Cuál será su incidencia de cara a las elecciones?

El analista electoral Jaime Miquel considera que «los autos de prisión garantizan la movilización máxima del bloque independentista, que conseguirá un resultado en escaños similar al actual», es decir la mayoría absoluta. Significarán que haya 130.000 votantes más que en el 2015, lo que elevaría la participación tres puntos, hasta el 78 %, con 2,1 millones de votos para los nacionalistas frente a los 1,9 millones de hace dos años. El politólogo Nacho Martín Blanco apunta que hay que ser prudentes, porque aún queda algo más de un mes y medio hasta las elecciones y señala que habrá que esperar a ver si se ratifica la prisión provisional. Pero considera que «el que realmente ha visto que el proceso soberanista es un disparate por lo que supone de degradación de las instituciones, de la democracia constitucional, de la economía y de la convivencia lo tiene tan claro que no va a dejar de ir a votar». Y añade que «el electorado independentista ya está movilizado, por lo que no creo que vaya a ser determinante». En su opinión, «el independentismo va a la baja en las últimas elecciones y podría estar alrededor del 45 %, casi tres puntos menos que en el 2015». Santiago Martínez afirma que los encarcelamientos «provocarán una mayor corriente de adhesión a la causa secesionista al considerar a estas personas víctimas injustas de un Estado represor, por lo que puede favorecer a los independentistas».

Blanco Valdés estima que «faltando casi dos meses y dado el vertiginoso desarrollo de los acontecimientos en Cataluña, parece complicado hacer previsiones». Señala que si los independentistas no presentan una lista única, «la competencia electoral será letal para la cohesión política de los competidores». Y añade que «el discurso en contra de las encarcelaciones tiene que ser tan exageradamente falso (España no es una democracia, hay presos políticos y se encarcela a la gente por sus ideas) que resultará muy difícil de vender a quienes no estén ya previamente convencidos». Senserrich no cree que influyan demasiado, porque «hay muy poca, o casi nula, transferencia de votos entre unionistas y secesionistas, en todo caso puede aumentar el grado de movilización de las bases secesionistas, que estaban un poco desinfladas tras el fracaso de la declaración de independencia y la espantada de Puigdemont».

¿Cómo pueden contrarrestar los constitucionalistas el mensaje secesionista?

Canel señala que los secesionistas se presentaran con este mensaje común, vayan o no en una lista única: «lo que se pone en juego es responder a un Estado opresor y exigir la liberación de los encarcelados». Pero los partidos constitucionalistas opondrán otros temas que les favorecen, como «la fuga masiva de empresas, que ya son más de 2.000, o el incremento del paro, que en Cataluña ha crecido el doble que la media, el no reconocimiento internacional de la independencia o la radicalización social». Según esta experta en comunicación, los no independentistas tendrán que hacer hincapié en estas variables. Así como en explicar didácticamente que los dirigentes han sido encarcelados por incumplir la ley, no por sus ideas, y en denunciar que los secesionistas no reconocen la separación de poderes, lo que es profundamente antidemocrático. Y concluye que «el efecto de los encarcelamientos puede quedar disminuido o cancelado por otras variables que también van a operar».

Deterioro de Puigdemont y posible castigo a los Comunes

«El show de Puigdemont ha sido la gota que ha colmado el vaso para los no independentistas, que han comprobado que todo el procés era una tomadura de pelo colosal, por lo que servirá para apuntalar más ese bloque», señala Martín Blanco. Martínez considera que «su figura política se ha visto seriamente perjudicada en el plano personal, hasta el punto de que puede convertirse en esperpéntica para muchos catalanes». Para Blanco Valdés, «ha laminado, hasta convertirlo en un ser grotesco, su prestigio de presidente de la Generalitat, que se presenta como un hombre de principios y patriotismo inquebrantables y ha demostrado ser cobarde y desleal incluso con aquellos a quienes había llamado a tomar las calles y con sus propios consejeros». Para Canel, la influencia política de su fuga «dependerá de lo que responda la Justicia belga a la orden de detención, si dice que no acepta la solicitud de España auparía al independentismo, si responde que sí corresponde le dejaría en ridículo e iría en contra del independentismo». Para Senserrich, «por un lado, es una forma de hacer más visible el conflicto y profundizar el victimismo sin perder un portavoz; por otro, está atrayendo las mofas de la prensa internacional y puede dividir a los independentistas si insiste en ser candidato».

Los damnificados

Para Miquel, «el espacio de diálogo ha quedado pulverizado y esto dificulta el posicionamiento de los Comunes con el referendo pactado, porque tampoco se pueden sumar a un frente que legitime el recorrido de Junts pel Sí». Martín Blanco señala que «los Comunes comparten con los independentistas su ruta de derrumbar el Estado surgido de la Constitución de 1978 y el menosprecio de sus instituciones, por lo que no es extraño que presenten decisiones judiciales como si fueran políticas y a los políticos presos como presos políticos, lo que electoralmente no les va a favorecer». Martínez señala que «Podemos queda muy afectado por la enorme ambigüedad de su discurso y la incoherencia y las diferencias de sus líderes respecto a este tema». Canel destaca que la clave del 21D va a estar «en la franja de voto que no es independentista pero tampoco está con PP, PSC y Ciudadanos y que votó Catalunya Sí Que es Pot». Recuerda que un 60,4 % de sus votantes están en contra del Estado independiente y que la actitud proclive al independentismo que está adoptado por ejemplo Ada Colau puede costar votos a su formación.

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