El FMI avisa: si la situación se enquista, la economía española saldrá mal parada

Los expertos del organismo alertan de que puede erosionar la confianza y lastrar las decisiones de los inversores


redacción / la voz

«Consideramos que las perspectivas para España son positivas. Pero, en caso de prolongarse, las tensiones políticas en Cataluña podrían lastrar la confianza y las decisiones de inversión». Con esa frase resumía ayer Andrea Schaechter, la jefa de la misión del FMI en España, la amenaza que el órdago independentista representa para la economía patria.

Lo hacía con motivo de la presentación del informe que anualmente realiza el organismo sobre España. El artículo IV, se llama. Un documento que se elabora a partir de la información que recaban los hombres de negro -que son en su mayoría mujeres y no visten de negro- en las visitas que regularmente realizan al país. Son informes laboriosos que requieren su tiempo. Y por eso en este último no hay demasiadas referencias a la crisis catalana. Solo las que los expertos del Fondo han introducido a última hora, a la vista del cariz que tomaban los acontecimientos. «Deshacer los logros de las reformas podría ensombrecer las perspectivas de crecimiento a largo plazo, los retrasos en la consolidación fiscal limitarán la capacidad de maniobra ante futuros shocks y los movimientos de independencia regionales podrían añadir incertidumbre» es otra de las frases que rebela la preocupación de los expertos por la crisis catalana.

También se percibe en el estudio aparte que dedica el organismo a la situación de la banca, el conocido como Financial System Stability Assessment. En él, los expertos citan la «incertidumbre política» cuando enumeran los riesgos a los que se enfrenta el sistema financiero.

Las referencias a Cataluña podrán ser más o menos numerosas o más o menos veladas, pero que la preocupación por esta crisis ha llegado hasta la planta noble del Fondo Monetario está claro. Nadie lo duda. Y lo que viene a decir la institución que pilota Christine Lagarde es algo así como: ojo, que es mucho el tiempo que tarda una economía en ganarse la confianza de los inversores, y perderla puede ser cuestión de minutos.

El dinero, cuando algo lo asusta, corre que se las pela.

Más voces de alarma

No es la única voz experta que ha advertido del peligro. Fuera y dentro de casa. Ayer mismo Moody's, esa que califica las emisiones de deuda que países y empresas colocan en los mercados y cuyas directrices siguen a pies juntillas los grandes inversores, aseguró que la independencia de Cataluña, si bien «improbable», tendría implicaciones «negativas» para una amplia gama de emisores en todo el país, incluidos los bancos, las aseguradoras y otras empresas no financieras. Y para el Reino de España, claro. Por no hablar de Cataluña. Invertir en deuda de esta última sería tan arriesgado como comprar bonos de países como Zambia. Algo parecido dijo la víspera su principal competidora, Standard & Poor’s.

«En cuanto a los riesgos que rodean las proyecciones de crecimiento del PIB, en el plano interno, las tensiones políticas en Cataluña podrían afectar eventualmente a la confianza de los agentes y a sus decisiones de gasto y condiciones de financiación». Fue la escueta frase con la que el Banco de España se refirió en su último boletín trimestral -publicado poco antes del referendo- a la amenaza catalana.

Otra vez el dinero y sus pies ligeros.

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