Enfangados


Por mucho empeño que se ponga en la huida, tarde o temprano el prófugo acaba por darse de bruces con la realidad. La alargada sombra del 3 % a la que aludió Maragall hace ya diez años perseguirá siempre a Artur Mas, por muchas triquiñuelas que invente. Incluida la última y esperpéntica tentativa de presentarse como el adalid contra la corrupción. Por muy acreditada que haya quedado ya su capacidad para tergiversar la realidad con intención de hacernos comulgar con ruedas de molino, la de garante de la honradez e integridad podría estar en lo más alto de una antología del disparate. La terca verdad es que los sobornos, enriquecimientos ilícitos y corruptelas de todo tipo han salpicado a la clase dirigente catalana como a ninguna otra. Y esa evidencia no puede soslayarse con el habitual victimismo ni envolviéndose en la senyera mientras se esconde toda la mierda debajo de la alfombra. Solo ellos han robado a Cataluña, solo ellos han enfangado su buen nombre. Artur Mas no ha hecho absolutamente nada para combatir la corrupción, no ha movido ni un dedo para depurar responsabilidades en su partido y en su administración, ni ha dado la más mínima explicación. Y cuando nada se hace por limpiar la casa, puede ocurrir que la visita llegue en el momento más inoportuno. Como ha sido el caso. El momento y toda la parafernalia de la operación son altamente sospechosos. Especialmente porque llueve sobre mojado. Pero no puede servir para desviar la atención sobre lo esencial: que nada se puede edificar, y menos un país, sobre tanto fango moral.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

Enfangados