Esfuerzos para acabar con la marca España

Panamá y el fiasco de Sacyr, la tragedia de los ERE en Andalucía y el drama de la corrupción del PP en Madrid y Valencia son solo algunos ejemplos del afán de demolición


Como si se hubieran puesto de acuerdo para desacreditar la imagen de España, se aprecian denodados esfuerzos de grandes empresarios, sindicatos y políticos aplicados a la tarea de demolición. La operación se desarrolla en varios escenarios simultáneamente: Panamá, con el fiasco de Sacyr, Cataluña y Madrid a propósito del referendo para la independencia, de nuevo Madrid con el fraude de la patronal en los cursos de formación, más la cola del escándalo de Andalucía con el caso ERE, ahora exportado a Europa con la fianza millonaria para la exministra socialista Magdalena Álvarez, la corrupción del PP en el caso Gürtel y, por supuesto, la cruzada del yerno del rey, Iñaki Urdangarin, que se creyó alto, guapo, rico y listo.

Con lo que costó dar una imagen nueva de la España rancia que salía de la dictadura, con lo que aportaron los Juegos Olímpicos y la Expo, la democracia, la entrada en Europa, los éxitos de los deportistas españoles en casi todas las disciplinas y las conquistas empresariales mundo adelante, para que unos cuantos fiascos la trituraran.

Panamá basta para presentar la imagen española abierta en canal. Celebramos que por fin se haya llegado a un acuerdo en las obras de ampliación, pero el daño infligido por el consorcio liderado por Sacyr es incalculable. «Se veía venir, porque el consorcio de Florentino Pérez con unos americanos presentó un presupuesto razonable de casi mil millones de euros por encima del de Sacyr. Todos sabíamos que esto acabaría mal», mantiene un alto directivo de una tercera empresa española de construcción. «El problema es que Sacyr no solo exportó su actividad, sino que exportó el modelo con el que trabajaba en España, como la mayoría, basado en un presupuesto insuficiente con la confianza de que ya se arreglará después, alegando excusas», describe el diputado socialista Antonio Hernando, especialista en Centroamérica. El modelo al que se refiere es el de modificar el presupuesto al alza después y engrasar lo que haga falta para que se acepte la desviación, es decir, repartir dinero bajo mano a los que deben aceptar las modificaciones.

«En Panamá falló el método -añade Hernando- porque los americanos controlan de cerca la dirección del canal y no admiten jugadas de ese género». «Veremos si Sacyr, que habrá perdido en la operación unos 700 millones de euros, no es absorbida por otra gran constructora», advierte el directivo de la competencia, que llega a afirmar que el daño a la marca España es irrecuperable en América. De desacreditarnos en Europa ya se encarga el contencioso Cataluña-Madrid a propósito del referendo. Cansados y preocupados en Bruselas por el asunto, la vicepresidenta europea, Viviane Reding, ha pasado por Barcelona para dejar un recado importante: «Manténganse unidos dentro de España y de Europa. Pónganse de acuerdo y dejen de desperdiciar energía, que, además, es energía europea».

Pero por si faltaba poco con los vodeviles panameño y catalán, la tragedia de los ERE en Andalucía y el drama de la corrupción del PP en Madrid y Valencia, la patronal madrileña, todavía presidida por Arturo Fernández, se ha descolgado con un escándalo de malversación de fondos destinados a formación que en realidad servían para pagar a ejecutivos de la patronal, una parte, y el resto para que se los embolsaran los gestores del fraude. ¡Qué desgracia tienen las partidas de formación en este país cuando las manejan sindicatos o empresarios! Con los fondos destinados a formar personal podríamos tener los empleados más preparados de Europa. De no haberse esquilmado, claro.

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