Dos años en el limbo


Antes de las elecciones, Mariano Rajoy mantuvo un sepulcral silencio sobre sus intenciones de política económica, lo que le dio buenos frutos. Pero luego hubo que tomar decisiones, y no pareció que su Gobierno tuviese un plan concreto de hacia dónde ir, más allá de la dudosa estrategia de ganar competitividad por el único camino de reducir los salarios.

No le favoreció la inclemencia europea de los ajustes a toda costa, principal causante de la intensa recesión reciente, aunque sí el mayor activismo del BCE desde agosto del 2012, que permitió la mejoría de las variables financieras.

¿Un éxito? Quizá pueda considerarse así la salida en tiempo y forma del programa de rescate financiero, aunque su coste haya sido enorme (en torno a 40.000 millones, que pagaremos todos).

¿Fracasos? Algunos de los principales problemas del país -desempleo, deuda, indicios de deflación y estancamiento a largo plazo- están peor que hace dos años.

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