Aeropuertos de alas caídas

Sale a licitación por 25 millones la explotación del aeródromo de Castellón tras años de dudas


Redacción / La Voz

Después de casi tres años de dudas, el aeropuerto de Castellón anunció ayer la licitación del contrato para la explotación y mantenimiento de esta infraestructura, por un importe de 25 millones de euros más IVA. Estas instalaciones han sido el ejemplo más visible de una crisis doble: la caída general del número de pasajeros combinada con un exceso de infraestructuras. La reducción del pasaje y del total de operaciones en España comenzó en el año 2008, pero dos años después todavía crecía la plantilla de Aena, la entidad pública gestora, y cuatro años más tarde (mientras el número de pasajeros bajaba en un 5 %) aún se inauguraban aeropuertos, los de Castellón y Murcia, esas instalaciones abiertas pero sin aviones que son el símbolo más visible del frenazo aéreo.

En el discurso de inauguración del aeropuerto de Castellón, el presidente de la Diputación, Carlos Fabra, expuso algunas claves del proceso que ha llevado al actual exceso de capacidad aeroportuaria. Aquella era una infraestructura que ponía «en el primer nivel» a su provincia, que dejaba de ser «la única provincia mediterránea que no disponía de infraestructura aeroportuaria». El entonces presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, añadió que el aeropuerto «supone la refundación de la provincia», porque trae consigo «riqueza, empleo, prosperidad, orgullo, identidad y ganas de compartir proyectos colectivos». La delegada del Gobierno en la Comunidad en aquel momento, la socialista Ana Botella Gómez, contraponía a esas declaraciones su opinión de que «existe una fiebre inauguradora».

La fiebre inauguradora y la institución de la provincia, que nunca quiere ser «la única» que no dispone de aeropuerto, de universidad, de estación del AVE, son, probablemente, causas reales de la inversión excesiva en infraestructuras sin tener en cuenta la existencia de otras iguales y muy cercanas. En el caso del tráfico aéreo, Aena, el operador público que prepara su salida a Bolsa para el año que viene, no quiere ni oír hablar de «aeropuertos fantasma». Según una fuente de la entidad, Aena gestiona 46 aeropuertos (de los 52 existentes en España) y todos ellos «están en uso, homologados, operativos». El de Castellón, «pendiente de ponerse en servicio», y el de Murcia, a la espera del traslado de actividades desde las instalaciones mixtas militares-civiles del de San Javier. La espera no es pasiva. Para inaugurar la nueva terminal de Murcia, Aena quiere recuperar los 70 millones de euros que invirtió en San Javier para adecuarlo al uso civil.

Aunque «por la crisis económica, algunos tienen baja operatividad», la misma fuente señala que el Ministerio de Fomento tiene en marcha desde hace un año un plan de eficiencia. Su efecto más visible, la reducción de horarios en los aeródromos que recibían menos de medio millón de pasajeros al año. Los afectados han sido los 19 más pequeños, que al abrir menos horas necesitan menos plantilla, pero ese recorte no pasa de las 150 personas, una cifra insignificante frente a las 13.000 que están hoy en nómina.

Si la caída de los vuelos se mantiene, no solo se prolongará el deterioro de los aeropuertos sin aviones; también se intensifica la amenaza de reducción de horarios para los que no alcancen el medio millón de pasajeros al año. El PP acaba de sugerir el cierre de todos los de Castilla y León, salvo el de Valladolid. Amenazados, aunque todavía lejos, aparecen dos aeropuertos gallegos: Alvedro y Peinador. El de A Coruña movió en el 2012 845.000 viajeros, y el de Vigo, 828.000, pero las caídas de un 16,5 % y de un 15,1 % con respecto al año anterior son preocupantes. Si la crisis de los vuelos se mantiene, la pérdida de categoría sería cosa de tres o cuatro años.

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