REDACCIÓN / LA VOZ

Luis Bárcenas no es el que era. Ya no amaga con tirar de la manta. Va a por todos los que, a su juicio, le han dejado en la cuneta. Las cinco horas de declaración judicial del 15 de julio, cuya transcripción íntegra en 109 folios se ha hecho pública el pasado viernes, incluso antes de que el jugado facilitase copia de la misma a las partes personadas en el proceso, son la prueba fehaciente de un cambio radical de estrategia de defensa.

La nueva, según conocedores de las interioridades del proceso, apunta a un intento de «voladura controlada» de la actual estructura de poder de su antiguo partido, el PP, con el lejano propósito de negociar en el futuro con la siguiente.

Hasta el pasado día 15 en una decena de comparecencias judiciales sostuvo que nada de lo que había trascendido de sus famosos papeles era cierto. En la última declaración lo reconoció prácticamente todo y dijo cosas nuevas. Testigos presentes en esa declaración abrigan pocas dudas sobre la veracidad de lo que expuso, pero también están convencidos de que aún guarda mucha munición en la recámara para usarla cuando estime oportuno y a la vista de cómo evolucionen los acontecimientos. Parte de ese munición serían documentos sobre la titularidad real de dineros que él gestiona en cuentas fuera de España.

El objetivo inmediato de esa nueva estrategia que podría haber diseñado con alguno de sus interlocutores mediáticos antes de ingresar en prisión, pero ya cuando ya tenía la certeza de que eso era inevitable, sería ganar credibilidad a costa de asumir hechos menores, pero transmitiendo al mismo tiempo el mensaje de que él no es el único malo de la película. Eso sí, dejado siempre abierta la puerta de retomar las negociones con el partido, aunque con otros dirigentes distintos de los actuales. En este sentido, las fuentes jurídicas consultadas sostienen que con lo que ha declarado hasta ahora no se condena más que él mismo.

Con vistas al futuro se ha cuido mucho de implicar a personas de su partido que no forman parte de la actual dirección y ha insistido una y otra vez en que las donaciones recibidas por el partido, salvo una -precisamente la que involucra a Dolores de Cospedal-, no tenían un carácter finalista, es decir, no eran a cambio de una contraprestación concreta en forma de adjudicación de obra, u otra.

Con eso, según fuentes de las acusaciones, trataría de eludir un posible delito de cohecho, pero no sería exculpatorio del del tráfico de influencias y también podría dar pie a uno de falsedad en contabilidad de partido político en período electoral.

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Más munición en la recámara