Aunque menor del previsto por las encuestas, los socialistas suman su tercer descalabro consecutivo tras el desplome en las elecciones gallegas y vascas. Y las causas son similares en las tres comunidades históricas. El PSOE paga su desubicación en el nuevo paisaje político, que polariza el enfrentamiento entre unos nacionalistas que endurecen su discurso en busca de una nueva relación con el Estado y un Gobierno que rechaza modificar el statu quo y se aferra a la Constitución como algo intocable. Situarse en medio sin tomar partido claro e improvisando una apuesta por el federalismo ha resultado una estrategia electoral muy dañina para el PSOE.
El problema para los socialistas es que tendrán que buscar una salida a esa tierra de nadie política en medio de una fuerte crisis de liderazgo. La progresiva contestación interna a Rubalcaba tras el fiasco en Galicia y en el País Vasco se silenció de cara al exterior para no perjudicar las expectativas en Cataluña. Pero a partir de hoy renacerá con fuerza. La llave de la estabilidad de Rubalcaba la tiene ahora el presidente andaluz, José Antonio Griñán, que después de amagar con disputarle el liderazgo del PSOE el pasado mes de octubre dio un paso atrás al comprobar que no contaba todavía con suficientes apoyos. Habrá que ver si tras el nuevo fracaso en Cataluña esa situación ha cambiado. De no dar Griñán el paso, lo daría Carme Chacón, que lleva un tiempo en silencio. La inestabilidad en el PSOE coge al PSdeG en pleno proceso de renovación, lo que sin duda dificultará esa tarea.