Pirómano

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ESPAÑA

11 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Todos sabemos por experiencia propia lo difícil que resulta tomar decisiones cuando entran en conflicto el sentimiento y el interés. En lo personal, unos intentan enfriar las emociones para atender a las razones; otros, al contrario, adormecen esta para dejarse arrastrar por el torrente de aquellas. En lo colectivo, la obligación de los políticos es equilibrar intereses contrapuestos para encontrar espacios de convivencia en los que nadie se vea desplazado ni sienta que debe renunciar a sus convicciones íntimas a cambio de nada. Se trata de fomentar los puntos de encuentro, huyendo de los extremos, donde el diálogo se torna imposible. Se trata de apaciguar ánimos, no de excitarlos, porque así solo se exacerba el conflicto. Pero Wert hace justo todo lo contrario de lo que debe. Ejerciendo de bombero pirómano, aviva el fuego del independentismo. Que un ministro de Educación instigue al adoctrinamiento de los escolares es propio de regímenes totalitarios. En el caso de Wert, es otra prueba más de que no es adecuado para el cargo que ocupa. Porque lo último que necesita España, que lleva tiempo caminando por el alambre, es que un ministro la empuje al abismo.