Tres procesos electorales en solo diez meses. Asturias, a menudo definida por los discursos más tópicos como la Suiza española, sí que termina pareciéndose más a un cantón helvético por una sobredosis de procesos electorales que genera cierta desafección y hastío entre la ciudadanía. «Tenémoslo muy duro», le decía ayer un ganadero simpatizante del PP a la candidata Mercedes Fernández sobre las perspectivas electorales de su partido en un escenario de división del centroderecha. La comitiva del PP aterrizó en el mercado ganadero de San José, en Tineo, en el suroccidente astur, una zona que todavía sufre el aislamiento por culpa de unas comunicaciones deficientes. Curiosamente, uno de los tramos clave de la vía de alta capacidad que une esta comarca con Oviedo se abrirá al tráfico esta semana, en plena campaña. La ley prohíbe la inauguración oficial, pero las máquinas trabajaban ayer a todo gas para poner a punto los últimos detalles. Algún rédito político traerá tanta rapidez sobrevenida.
El caso es que los principales candidatos a las elecciones del 25-M buscan el cuerpo a cuerpo con el potencial elector en lugar de esperar que se acerquen a mítines de gran aforo que, en esta situación de hastío, son minoritarios. De ahí que se infiltren en acontecimientos multitudinarios como la famosa feria de Tineo para asegurarse cierta audiencia. Un asesor lo explicaba así: «Es como si fuera una segunda vuelta electoral en un país donde no hay tradición de segundas vueltas».
Por decirlo de otra manera, los candidatos tienen que esforzarse bastante más para llegar a un electorado reticente, que probablemente coqueteará más con la abstención que en otras ocasiones. El candidato socialista, Javier Fernández, se ha puesto como objetivo recorrer cada uno de los 78 concejos asturianos, en un ritmo frenético de campaña que se justifica en la necesidad de asegurarse la que podría ser la primera victoria electoral de la era Rubalcaba.
Entre las filas de Foro Asturias también se busca el contacto directo con los potenciales votantes. En la feria de Tineo estaba el cabeza de lista por Occidente, Juan Ramón Campo Fernández, un hombre de 35 años «con dos títulos superiores» que representa a la perfección el cásting de candidatos no políticos emprendido por el partido de Cascos, empeñado en buscar profesionales de otros campos en lugar de profesionales de la política. «Yo no vengo a vivir de esto», aseguraba Juan Ramón, mientras le mostraba al periodista unas manos encallecidas por el trabajo en el campo. «Tengo dos vacas, 15 ovejas y 1.000 manzanos», decía mientras repartía octavillas.
tres campañas en solo diez meses