El valor de las palabras y de los silencios

ESPAÑA

23 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El poder es una forma de discurso, viene a decir Michel Foucault. El valor de la palabra es su capacidad para decir, ordenar, constreñir y, con todo ello, crear el mundo que vivimos. Esta visión nominalista de la realidad encaja como anillo al dedo a las primeras horas del Gobierno de Rajoy, que juega con los silencios y las palabras a su antojo. Como el propio presidente, que dio la callada por respuesta a la primera pregunta que recibió de la prensa tras su nombramiento. Una manera de eludir el riesgo de decir, que es una forma de hacer. Una estrategia que le ha servido hasta ahora, pero que no le valdrá en el futuro, porque gobernar es actuar. El silencio del presidente fue extendido por Luis de Guindos. El ministro de Economía es uno de los que sabe que una palabra mal dicha puede hundir los mercados. Y por eso optó por los tópicos. A fin de cuentas, él es un técnico. En cambio, los ministros más políticos conocen bien los juegos del lenguaje. Así, Cristóbal Montoro hizo de mago de las palabras para convertir los recortes en reformas. Pueden acabar igual, pero no parecen lo mismo. O Gallardón, que, ansioso por hacer tras años de espera, ya anunció cambios en el sistema de elección de los poderes jurisdiccionales. Pero quien más jugo le sacó a las palabras fue otra política de peso, Ana Pastor, que resaltó el valor de principios como los de cohesión territorial y eficiencia social. Porque el progreso no se construye solo sobre la rentabilidad económica. Es la mejor razón para acelerar la llegada del AVE a Galicia. Un logro que por sí solo justificaría un mandato.