Rajoy ignora a Rubalcaba pero contraprograma con una batería de reformas

Colpisa

ESPAÑA

Mariano Rajoy desdeñó a Alfredo Pérez Rubalcaba. Ni una sola alusión durante su prolija intervención en la clausura del campus de la Fundación FAES y ni una respuesta a los periodistas que le abordaron antes y después de este acto. El líder del PP no pretende menospreciar al candidato del PSOE. Más bien al contrario, quiere evitar convertirse en altavoz de las propuestas de un Rubalcaba.

La estrategia del silencio, por lo tanto, se repetirá en más ocasiones. La misión de desinflar el efecto Rubalcaba recaerá en otros dirigentes de la cúpula popular. Rajoy se preocupará de Rubalcaba cuando toque, es decir, durante campaña de las elecciones generales. Mientras ese momento llega, su rival será José Luis Rodríguez Zapatero al que este sábado pidió, por enésima vez, que adelante los comicios previstos para marzo del 2012.

Más allá de postulados éticos y formales, los populares ya tienen a Alfredo Pérez Rubalcaba donde querían: fuera del Gobierno. Ahora sólo falta calibrar qué repercusión mediática pueden tener las propuestas del aspirante socialista a la Moncloa. Todo ello no significa que Rajoy menoscabe el potencial de su adversario, aunque alguno de sus más estrechos colaboradores bromease con «para R, la de Rajoy», en alusión a los diversos calificativos con los que los socialistas han presentado a su nueva esperanza blanca.

Tal vez se pueda atribuir a la casualidad, aunque tal vez no. Lo cierto es que el día de la proclamación oficial de Rubalcaba, el máximo dirigente del PP se destapó con una batería de propuestas y reformas más detallada que de costumbre. Rajoy, en cierta medida, contraprogramó el giro a la izquierda de Rubalcaba con un alegato del «centro reformista» que encarna su formación. El jefe de filas de los populares anunció que en las próximas elecciones generales pedirá a los españoles «un mandato reformista en la convicción de que eludir las reformas no implica que las cosas se queden como están, sino que empeoren aún más».

Una reflexión que, sin duda, agradó a José María Aznar. El presidente de FAES había reclamado al «futuro presidente de España (en referencia directa a Rajoy)» que acometiese reformas serias y alejadas de los cambios «cosméticos» que a su juicio había emprendido José Luis Rodríguez Zapatero. Los seis ejes en los que se sustentarán todas las acciones de un hipotético gobierno de Mariano Rajoy serán: empleo y crecimiento económico; reforma y modernización del sector público; fortalecimiento institucional y regeneración política, proyección exterior de España, educación y protección social.

Detalló, y aquí está la novedad del discurso de Rajoy, alguna de las herramientas con las que quiere apuntalar estos pilares.

En educación, por ejemplo, anunció que adaptará en España el modelo de formación profesional dual, que se aplica en Alemania: 1/3 del curso se desarrollará en el centro educativo y 2/3 en la empresa. Cada alumno recibirá una beca salario de 450 euros al mes. En cuanto a las políticas sociales, y tal vez cansado de oír que el PP tiene un programa oculto que piensa desarrollar cuando llegue a la Moncloa, aseveró que «no recortaremos el estado del bienestar». Indicó, asimismo, que no dejará a nadie en la cuneta, aunque sí desveló que quiere reformar este estado del bienestar «para hacerlo sostenible» y recuperarlo para garantizar la atención a la sociedad y, en especial, para priorizar los mecanismos de protección social.

Rajoy, frente a los que aspiran a contentar al movimiento del 15M, enfatizó el «espíritu del 22 de mayo», al que auguró «larga vida». Puso empeño en enfatizar que en España »ni falla nuestra democracia, ni nuestra Constitución, aunque hay cosas que pueden ser mejoradas«. «Lo que falla es el Gobierno», remachó. El espíritu del 22M lo resumió en la voz de millones de ciudadanos que dijeron en las urnas «ya está bien de este sufrimiento impuesto y sin esperanza».