España se merece más responsabilidad

ESPAÑA

05 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Tiene mucha razón Mariano Rajoy: «España no se merece esto, se merece un poco más de seriedad y de responsabilidad». Porque no es de recibo que cuando se discute sobre la gobernabilidad del país, el líder de la oposición permanezca en paradero desconocido durante todo el fin de semana. El presidente del PP se queja amargamente cuando los socialistas lo tachan de vago, pero lo cierto es que se ha convertido ya en habitual que haya que esperar varios días para conocer su opinión sobre temas de gran importancia. Está en su derecho a discrepar de esa valoración, pero la democracia es también un régimen de opinión pública. Es decir, los gobernantes están obligados a responder sobe las cuestiones que interesan y afectan a los ciudadanos. ¿O también pretende darles la espalda si algún día llega a la Moncloa?

Así que sí, España se merece algo más de seriedad y responsabilidad, no a un jefe de la oposición que se dedica a sentarse a la sombra, a la espera de ver pasar por delante el cadáver de su adversario. España no se merece que quien con toda probabilidad será el próximo jefe del Gobierno haya pasado sin mancharse los zapatos por las reformas y ajustes económicos dejando que sean todos los demás quienes se enfanguen en tratar de achicar el agua de la crisis económica. Una actitud demagógica similar a la que ha postrado a Portugal en la depresión política.

Si Rajoy cree que la situación creada por el anuncio de Zapatero es tan grave que requiere urgentemente unas elecciones generales, no se entiende que haya dejado pasar todo un fin de semana para decirlo. Y es aún más irresponsable que se limite a hacer una proclama sin mover un dedo para conseguirlo. Un político serio se esfuerza en cambiar lo que está mal y mejorar lo que está bien. Que convenza a los nacionalistas de la necesidad de una moción de censura. Esa es su responsabilidad. Pero que no vuelva a delegar en los socialistas la sustitución del jefe del Gobierno, como llegó a pedir en un debate parlamentario. Eso no es serio ni responsable. Es una tomadura de pelo.