Rajoy presume de prudencia e independencia. La primera lo ha llevado a retrasar sistemáticamente todas las medidas en respuesta al caso Gürtel. Pero su independencia morirá si traga con la candidatura de Camps. El valenciano fue uno de sus principales valedores en el congreso que lo apuntaló como líder del PP. Un apoyo que los valencianos se quieren cobrar con intereses dignos de los grandes usureros. Hay que reconocerle al presidente popular su tesón para renovar buena parte del partido (léase Cataluña, País Vasco, Baleares e incluso Asturias) contra la resistencia de los aznaristas. Pero la verdadera piedra de toque de su coraje político será la decisión que adopte sobre Camps. La campaña para intentar desprestigiar a la Fiscalía acusándola de someterse a los intereses políticos del Gobierno solo busca desviar la atención y desvirtuar la más que probable imputación de Camps por cohecho. Si Rajoy acepta proclamarlo candidato habrá vendido su independencia con un desprecio a la Justicia que supondrá una pesada losa para sus, por ahora, excelentes expectativas electorales.