Es casi imposible abstraerse al dramatismo de la caravana de porteadores que cruzan el barrio chino. Un agente de la Guardia Civil que ha pasado muchas horas en la zona confiesa que sigue sin acostumbrarse. «No se respeta ninguna de las leyes sobre el trabajo. Ahí hay niños, ancianos... Yo he visto hasta porteadores con sillas de ruedas. España no debería permitir eso en su territorio», dice. Para las autoridades españolas, cada uno de esos porteadores son ciudadanos que cruzan la frontera como peatones con su equipaje, aunque pese más que ellos y aunque hagan el viaje de ida y vuelta varias veces al día.
De hecho, el paso de porteadores en el barrio chino se permite solo durante unas horas por la mañana y no todos los días. Es otra de las peculiaridades del comercio atípico entre Melilla y Marruecos, que, pese al aparente caos con que se desarrolla, está perfectamente organizado y genera beneficios millonarios en la ciudad.