El juez Baltasar Garzón es noticia a diario, en muchos casos muy a su pesar, desde hace más dos décadas que llegó a la Audiencia Nacional, el mayor escaparate judicial de este país.
Con la espada de Damocles -léase Luciano Varela- sobre su cabeza desde hace meses por su osado intento de investigar los crímenes del franquismo, el pasado martes llegó a Santiago para hablar de drogas en un foro muy querido para él: Proyecto Hombre, que está celebrado su 20 cumpleaños en Galicia.
Horas antes del acto Garzón aceptó hablar con La Voz, con una premisa: solo de drogas.
Sus prevenciones, en las actuales circunstancias, son comprensibles. Nada más regresar a Madrid se encontró con la nueva decisión del Supremo de admitir a trámite una segunda querella presentada contra él, por los mismos hechos referidos en otra ya archivada hace meses por el mismo tribunal.
En las próximas horas, días o, como mucho, semanas, sabrá si lo procesan o no. Si lo hacen, la separación de cargo, al menos temporalmente, será inevitable. Algunos lo celebrarán, pero muchos más lo lamentarán.