La anhelada presidencia de la UE es lo único que tiene ahora Zapatero para recuperar la credibilidad en España
10 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Menudos seis meses le esperan a Zapatero con su anhelada presidencia -compartida- de la Unión Europea. The Economist ha comenzado diciéndole que cómo va arreglar Europa un país que tiene la tasa de paro más alta de los Veintisiete. Es un dato casi exacto, ya que solo nos supera Letonia. Acaso le duela al semanario británico que su país, junto con Canadá, sean las únicas grandes potencias para las que la OCDE no ve indicios de recuperación a la vista de los indicadores de actividad económica en noviembre que mejoran para casi todos, España incluida. O le duela más, y se entiende, el exhibicionismo del crecimiento español que tanto Aznar como Zapatero hicieron en los años del bum inmobiliario que tan mal ha acabado.
Ha sido el pistoletazo de salida. Lo peor para el presidente está por venir. En la prensa, la radio y la televisión conservadora española se abre un concurso para cronistas, columnistas y tertulianos con premio para el que mejor ridiculice a Zapatero. Es la tendencia nacional que ya sufrieron en sus carnes Aznar, Felipe González y antes Suárez , a quien los humoristas de «La verbena de la Moncloa» echaban en cara no saber idiomas y parodiaban sus supuestas clases particulares de inglés. (Recuerden, imitando la voz de Suárez, lo de «My Taylor is rich»).
De esa pasión nacional por el escarnio no se libraron los presidentes, ni siquiera de otros políticos. Alfonso Guerra dijo en sede parlamentaria que «Suárez es como un tahúr del Misisipi» y Aznar trató de ridiculizar a Felipe González llamándole «pedigüeño» después de un gran éxito en Europa donde logró arrancar para España unos extraordinarios Fondos de Cohesión que tantas autovías, hospitales, universidades y otros equipamientos financiaron. «Reconozco que esa fue una extraordinaria gestión europea de Felipe González», ha declarado el catedrático Ramón Tamames , nada sospechoso de filosocialista, en un programa de Veo TV que se emite esta noche dedicado a la historia política de España en 1993.
Recuperar la credibilidad
Zapatero confía en estos seis meses para mostrar un perfil de gestor internacional y recuperar la credibilidad en España. Ha comenzado con el entusiasmo indisimulado pero con prudencia, llamando a consulta a Felipe González, Pedro Solbes y Jacques Delors ; recolocando cerca de la Moncloa como asesor de asuntos internacionales a Javier Solan a, que vuelve de Europa con el mayor capital de conocimiento internacional acumulado por un político español gracias a sus dos cargos consecutivos: secretario general de la OTAN y superministro de Exteriores de la Unión. Prudente en su respuesta sobre a quién hay que llamar en caso de crisis: «Llamen a Van Rompuy que para eso Europa tiene ahora la figura de un presidente». Mejor prudente que arrollador como Sarkozy , aunque la entrada en vigor ahora del Tratado de Lisboa ya no le permitiría al presidente francés las exhibiciones recientes y debería compartir protagonismo.
Estos seis meses serán difíciles, y más para Zapatero, pero se puede avanzar, por ejemplo, como ha escrito el profesor Manuel Castells , «dando impulso político a los programas europeos de innovación». Para Castells -uno de los «sabios» del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología con sede en Budapest tutelado por el Consejo y el Parlamento Europeo- «España tiene la oportunidad de liderar ese gran proyecto estratégico que de verdad supere la crisis y nos haga creer en un futuro común».
El reto es apasionante. La pena es el descreimiento general, los problemas del día a día con el paro creciendo y la incógnita del Estatuto de Cataluña que el Tribunal Constitucional cuece a un desesperante fuego lento. Frente a un asunto colectivo que resolverán al final tres o cuatro personas, con el riesgo que eso conlleva, solo faltan declaraciones como las de Joaquín Leguina en las que habla de una competición entre socialistas catalanes «para ver quién mea más largo». Cierto que si no hablara así nunca una frase suya merecería atención de los cronistas, pero admitan que es para fugarse a la estratosfera.