A pesar de que el asesino confeso de Marta del Castillo «no padece ningún trastorno mental», «mantiene intacta su capacidad de comprender y querer» y posee una inteligencia «normal», según el estudio psiquiátrico entregado por los forenses al juzgado hace un mes, lo cierto es que los continuos cambios en su versión de lo ocurrido evidencian otras de las características contenidas en dicho estudio. Su declaración de ayer era más de lo de siempre: una expresión de lo que en el estudio psiquiátrico, solicitado en su momento por la defensa para alegar alguna atenuante en el juicio, se describe de esta manera: «Sus relaciones se mantienen fundamentalmente por el grado en que le resultan gratificantes o le ayudan a conseguir sus objetivos y metas, sin que tenga sentimientos de culpa o responsabilidad». Por ello es capaz de cambiar su versión de los hechos según sus intereses, decir que se inventó una violación para no ser juzgado por un jurado popular, implicar a sus supuestos amigos en el crimen y callar o negar siempre saber dónde está el cuerpo de la joven. Así, los forenses concluyeron que Carcaño es «una persona egocéntrica, con dificultades para ponerse en el lugar de los otros».